El sector textil y de confección de zonas francas en Nicaragua genera más de 70 mil empleos con beneficios sociales, y puede lograr muchos más, si en su estrategia de desarrollo se saben leer las tendencias del mercado internacional y se mantienen las ventajas comparativas del sector.
No obstante en la actualidad más vale entender mejor lo que negociamos en el CAFTA y el potencial cambio de circunstancia ante el que estamos, de aprobarse la Alianza del Acuerdo Transpacífico (TPP) próximamente.
El peligro existe de que la solicitud nuestra de extensión de los TPLs, nos esté distrayendo de enfrentar un problema más de fondo. El TPP es un acuerdo de libre comercio entre doce países de América Latina, Asia, Australia y Norte América de última generación. Si bien está vigente abogar porque se mantenga el tratamiento preferencial arancelario por 100 millones de metros anuales de tela negociados en el CAFTA (conocido como TPLs) —y que permite introducir telas sobre todo asiática, como originarias a los Estados Unidos— independientemente de si se obtiene, es inevitable preguntarnos si acuerdos restrictivos como el negociado, que en parte tiene el objetivo de apoyar la industria textilera en marcado declive en los Estados Unidos, tiene hoy la misma vigencia.
En los Estados Unidos se debate actualmente la Alianza del Acuerdo Transpacífico y las reglas de origen para el sector textil y de ropa, y sus implicaciones. Existen dos posiciones. Una donde predominan los intereses de la industria textil de Estados Unidos, quienes por razones proteccionistas abogan por reglas de origen restrictivas —y que son las que rigen el CAFTA y el NAFTA— a favor de “hilado en adelante.” Mientras las marcas o distribuidores de ropa minoristas, con el apoyo de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, abogan por reglas más flexibles. Según ellos, esto abarataría el consumo doméstico de ropa en Estados Unidos y por ende su competitividad. En este contexto hay 165 congresistas que ya se han pronunciado a favor de la norma de “hilado en adelante,” pero eso representa hasta el momento la posición de una minoría, los cuales insisten en proteger la industria textil de Estados Unidos para ropa.
Si bien no está decidido, de aprobarse la norma más flexible, donde no importa el origen de la tela, Vietnam podría desplazar a México y a Centro América del negocio, si se nos continúa aplicando la regla de nuestros tratados restrictivos. Hasta el momento, nos hemos alineado con los intereses de la industria textil norteamericana y la Alianza de Textileras y Ensamblaje de Ropa, en contra de la Asociación de la Federación Nacional de Minoristas que abogan por reglas más flexibles. Pero nos tenemos que preguntar quién tiende a prevalecer para cuando se firme ese acuerdo y las opciones que nos plantea.
La industria textil para ropa en Estados Unidos viene en pronunciado declive. De más de 800 mil empleos en 1990, cuando negociamos el CAFTA el empleo era de 400 mil, ahora es de un poco más de 200 mil y en el 2020 se estiman solo 130 mil empleos. Es importante conocer, que 85 por ciento de las importaciones de textil y de confección a los Estados Unidos proviene de países fuera de los tratados restrictivos como el NAFTA y el CAFTA. Nosotros aportamos 15 por ciento. Es decir, se importan piezas de ropa con tela asiática de países que no tienen acuerdo con Estados Unidos, pagan arancel y todavía son más competitivos que nosotros que tenemos que comprar insumos de la región o Estados Unidos.
Tenemos dos escenarios, o nos quedamos con una regla de “hilado en adelante” y entonces no nos cambian tanto las circunstancias, pero si el acuerdo del TPP es más flexible, tal y como aboga Vietnam, tenemos que asegurar que competimos con iguales reglas en el futuro, lo que puede significar un replanteamiento del CAFTA hacia reglas flexibles, o sumarnos si es posible al acuerdo TPP. Entonces, los TPLs además se volverían irrelevantes.
El autor es doctor en Economía
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