Santiago Roncagliolo retoma a su personaje de Félix Chacatlana en «La pena máxima», una novela de suspenso desarrollada en el Perú de la década de 1970, durante «una dictadura gris».
«No era una dictadura criminal, represiva como la de Pinochet o Videla, era casi un esfuerzo de ‘aguantemos como podamos hasta hacer unas elecciones»’, dijo el escritor peruano en una entrevista reciente en la Ciudad de México, donde vivió durante su infancia por el exilio de su padre.
«Por nuestra casa pasaron muchos perseguidos de Chile, Argentina y Uruguay, y sus historias siempre sonaron en casa», relató el autor de «Abril rojo» (su otra novela con Chacatlana) y «Pudor». «Esto es un pequeño homenaje a la gente con la que yo crecí y a todo lo que pasó en los 70».
Chacatlana, un joven empleado del poder judicial encargado de «coger todo este caos y archivarlo», descubre por su trabajo que su amigo Joaquín Calvo ha sido asesinado y sólo hasta que habla con el padre de éste sabe que nació en España, en medio de la Guerra Civil.
Para el también periodista de 39 años, el fascismo europeo que participó en la Guerra Civil Española no se acabó en la Segunda Guerra Mundial, sino que encontró sus herederos en la Sudamérica de los 70.
«Los nuestros fueron bastante cínicos, cuando vino el Mundial de fútbol Argentina estaba preocupada por la propaganda de sus perseguidos que escapaban de Argentina», señaló sobre la complicidad criminal entre los países del cono sur. «La gente quería evitarlo y va y le dice a Perú, ‘¿Podemos entrar a tu territorio a secuestrar ahí, a torturar ahí y desaparecer a la gente?’.
Y vienen los peruanos y dicen, ‘bueno pero sólo a argentinos, ¡eh!»’.
Antes de irse a vivir a España, hace unos 14 años, el mismo Roncagliolo fue empleado público en Derechos Humanos en Perú, lidiando con temas parecidos a los que enfrenta Chacatlana.
«Estaba obligatoriamente sobreinformado de todos los horrores que pasaban en la época de Fujimori», dijo sobre algunos de los motivos que le hicieron optar por una tercera patria. Se fue siguiendo la pista de Mario Vargas Llosa y Alfredo Bryce Echenique, y dice que «milagrosamente» sí se convirtió en escritor.
En su libro Escocia tiene una selección nacional de fútbol, lo cual podría haberse repetido de haber ganado el «sí» en el plebiscito independentista por el que pasó recientemente esa nación. Para Roncagliolo, quien vive en Barcelona, el plebiscito parece cada vez más apremiante en Cataluña.
«Yo quiero que Cataluña se quede en España, me parece que la independencia es un error y es la idea menos práctica que se les puede ocurrir, pero la sociedad cada vez está más furiosa e impedir votar sólo está sirviendo para que estén más furiosos».Su novela ha sido publicada en un año mundialista por casualidad.
«No pensaba que estuviera lista este año y como llevo tantos años trabajando con ella pensé que pasarían mucho más», dijo, aunque reeconoció que la coincidencia no deja de ser algo digno de rescatar.
«El Mundial de este año es el primer Mundial en Sudamérica desde Argentina 78, y es curioso cómo han cambiado las cosas. El Mundial del 78 sirvió para ocultar lo que estaba pasando en Argentina, en cambio el de Brasil ha servido para que todos sepamos qué está mal en Brasil».
En medio de la burocracia del trabajo de Chacatlana y la represión de su madre religiosa, la historia de Joaquín es un escalofriante relato de suspenso. Para el autor lo esencial del género es que tiene que dar miedo.
«Yo creo que escribo historias de terror fundamentalmente. Lo que pasa es que los monstruos y los fantasmas no están en el mundo sobrenatural», dijo. «Los monstruos y los fantasmas están en nuestra cabeza o en las historias de nuestros países».