Freddy Silva

El arte de pedir

Todavía recuerdo la cara desvelada del niño que se subía a los buses a pedir dinero, y parte de su repertorio era: “Mi nombre es Diego, duermo en la calle… tengo hambre…” y una serie de calamidades, que siempre terminaban opacadas por su llanto. Luego de este ritual pasaba por cada asiento extendiendo su mano, repitiendo constantemente “tengo hambre”. Más de un alma era conmovida por su “actuación” y el niño bajaba del autobús con un buen bulto de monedas.

Una vez me lo encuentro en la calle y lo interrogo: “Cuéntame, ¿cómo haces para llorar tan fácilmente?” Me queda viendo extrañado, me reconoce como uno de sus tantos samaritanos y me dice: “Al inicio usaba un poco de Zepol que juntaba en el borde de la camisa, y al secarme con este borde las lágrimas que todavía no salían hacía que salieran de verdad… luego con la práctica lloraba fácilmente…”.

Un día se me acerca un viejito por el 7 Sur y me dice con cara de aflicción: “Hijo, ayúdame, me he quedado sin dinero acá en Managua y quiero irme para mi pueblito… me faltan cinco pesitos”. Automáticamente, movido por la necesidad del viejito busqué en mi bolsillo una moneda de cinco pesos y se la di… Al siguiente día en el mismo lugar se me acerca el mismo viejito con la misma historia.

He conocido hasta “pedidores internacionales”. Saliendo de un negocio se me acercó un joven rubio con acento extranjero y me dijo con lágrimas en los ojos que lo habían asaltado y perdió su dinero y su pasaporte. Hubo un par de incongruencias en su historia que me indicaron que todo era mentira, pero la actuación fue tan conmovedora que terminé pagándole por el show.

Mi padre también se ha topado con estos “artistas”. Me cuenta que una vez en el hospital se le acerca una mujer llorando y pidiendo para recoger para el ataúd de su hijo que había muerto en el hospital y le ayudó. Días después en otro lugar escucha la misma voz y la misma historia, él sale y le dice a la mujer: “¿Se te murió otro hijo…?”, y aquella como quien ve a un cobrador sale caminando apresurada.

Otro día llegan tres mujeres, identificadas con la camiseta de un partido político, pidiendo dinero para una mujer a quien se le había muerto un hijo en esa zona, dieron incluso la dirección para los incrédulos y mi padre como no le gusta quedarse con las dudas fue hasta la dirección dada por las mujeres para develar la mentira.

Con tantas historias de personas que necesitan “ajustar” para regresar a su pueblito he optado por “probarlos”; les digo que precisamente yo viajo a ese lugar a cierta hora y que me esperen o regresen para que vayan conmigo. Hasta el momento nadie ha regresado y de hacerlo les pagaría su pasaje.

He estado en Honduras y he encontrado a un compatriota pidiendo por aquellos lugares, es experto motivando a las personas para que apoyen económicamente al centro de rehabilitación de jóvenes al cual representa, aunque no lleva credenciales, pero lo que más anima a las personas a dar es su testimonio que en resumen es: “…antes me subía a los autobuses a asaltar ahora prefiero pedir”.

En lo personal no me gusta que me inventen historias, porque es otra forma de robar y por la maldad de estos el amor de muchos se está enfriando.

Pero siempre llevo conmigo algunas monedas para la caridad o la actuación, que no me hacen pobre al darlas pero sí más humano.

El autor es ingeniero en sistemas y catedrático.

COMENTARIOS

  1. Josue Bueso
    Hace 10 años

    La manera mas confiable que he podido encontrar para ayudar es por medio de las ofrendas de la IASD. Buen editorial ing. Fredy.

  2. Mario
    Hace 12 años

    Muy buen articulo ingeniero, saludos desde una patria lejana. Esas historias se repiten en cada país y muchos lo han hecho su modo de vida. Mantienen a sus esposas e hijos contando historias desesperadas en los buses.

    Suerte ingeniero.

    1. Hace 12 años

      Gracias Mario y es que hablar de estas historias es para no detenerse y quedar sorprendidos con historias tan inverosímiles…como el caso (de antaño) del borrachito que no hallaba la forma de conseguir dinero para seguir con sus tragos, un día mira que de una comideria tiran un hígado de vaca a la basura y se le prende «el foco»; saca de la basura el hígado y se lo amarra con unas gazas en una de sus piernas y se va por la calle pidiendo dinero para «su tratamiento» (el guaro)…

  3. Pedro
    Hace 12 años

    El autor debe de entender que dar no solamente lo convierte en más humano si no en más cristiano, el señor dijo en el sermón de la montaña:el que te pida dale. No dijo, evalúa lo que te digan, verifica si es verdad, da únicamente si va a ser bien usado, es bien claro, el que te pida dale

    1. Hace 12 años

      Bien dicho Pedro! Aunque hay momentos en que no sabemos quien es la persona necesitada realmente, por eso hay que ponerlos a prueba para «frenar» a los oportunista y que la «moneda» vaya al necesitado… y como dice la biblia: «Quien da al pobre, presta a Dios» (Prov. 19:17)

  4. Dario
    Hace 12 años

    ja ja , eso es real, sino mire a los pediguenos profesionales de daniel ortega y al mismo daniel, piden para el pueblo pero se embolsan la limosna.

  5. Lucia
    Hace 12 años

    El caso es que verdad o mentira existe un Dios que se te puede presentar en cada uno de ellos, si eres generoso y ellos mentirosos no pierdes nada con dar, al contrario te ganas el cielo,la solidaridad es sinónimo de desprendimiento gozoso y gozoso porque debemos dar con amor sin importar la otra cara de la moneda. Mientras uno tenga la posibilidad de hacerlo con UNO, CINCO o más no es malo hacerlo considero.

  6. camilo conrado
    Hace 12 años

    Yo creo que nadie disfruta vivir de la caridad pública. El hecho de que una persona invente la historia de un hijo muerto a quien necesita enterrar solo demuestra que la persona necesita pedirle dinero a alguien para subsistir. Si no viviéramos en una sociedad clasista en la que muchos tienen todo y la mayoría no tiene nada, talvez no habría gente pedigüeña. Yo creo que si la persona miente o no, no es el problema; el asunto es que necesita nuestra ayuda. ¡Yo se la doy siempre que puedo!

  7. roberto
    Hace 12 años

    Los solicitantes de ayuda o pediguenos como se les conoce en Managua, abundan por todas los rincones del Orbe, son individuos que no les importa pasar todo el dia bajo la inclemencia del dia, porque la realidad es que ese es su trabajo de todos los dias y su verdero «modus vivendi», como es que llegan a esa labor, obviamente hay muchos factores y razones para ello, pero lo conclusivo en estos casos de solicitacion es que en ella hay un 99% de mentiras y tal solo un 1% de verdad.

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