El Barcelona sigue sin permitir goles, pero realizó su peor partido en cinco fechas de la liga española en Málaga, donde ayer solo pudo arrancar un empate 0-0.
Los azulgranas ya no están perfectos y ahora comparten el liderato con el también invicto Sevilla, que a su vez derrotó 1-0 a la Real Sociedad.
El Atlético de Madrid también venció 1-0 en visita al Almería, continua sin conocer la derrota y se acercó a la punta.
El Barsa había contado por victorias sus cuatro primeros partidos, pero fue el Málaga, actual décimo clasificado, el rival que puso freno al impoluto arranque azulgrana. Bien parapetado en defensa, el cuadro local aguantó las embestidas del Barsa en la primera mitad y llegó incluso a inquietar el arco defendido por Claudio Bravo con llegadas de Nordin Amrabat.
El equipo de Luis Enrique apenas pisó el área malaguista previo al descanso, pues los locales defendían juntos por detrás de la pelota y rodeaban a Lionel Messi aun cuando el argentino se replegaba al mediocampo con el fin de ayudar en la elaboración.
La inusual imprecisión de Andrés Iniesta le pasó factura al Barsa. También una versión desmejorada de Neymar, quien inició su segundo partido consecutivo pese a sufrir una torcedura de tobillo el domingo ante el Levante.
Junto con Pedro Rodríguez, el brasileño fue relevado al poco de la reanudación, una vez el central Marc Bartra dio señales vitales del Barsa con un cabezazo en tiro de esquina.
Pero el ingreso de los canteranos Munir El Haddadi y Sandro Ramírez no mejoró las prestaciones visitantes y fue el Málaga el que rozó el gol; primero con un derechazo lejano del venezolano Roberto Rosales que se marchó fuera, luego en un tiro libre directo de Luis Alberto Romero que Bravo desvió al poste con los puños.
El colíder cerró su pobre bagaje ofensivo con un nuevo arribo de Gerard Piqué en tiro de esquina; el cabezazo del zaguero, flojo, murió a manos de Carlos Kameni.
El Málaga cambió el decorado en los primeros instantes de la segunda parte, con un punto más de presión a la salida del balón del Barcelona y más velocidad, que le impedía a los azulgranas dirigir y mandar, pero no pudo desequilibrar el partido.