Los independentistas catalanes se mostraron determinados ayer, un día después de la victoria del No en Escocia, a proseguir su camino hacia un referéndum soberanista, pese a la oposición de Madrid, muy feliz por el resultado escocés.
Si alguien se podía hacer alguna ilusión que la victoria del no en Escocia pudiese proyectar una sombra sobre el proceso catalán, que se desengañe, expresó el presidente regional Artur Mas.
Mientras Europa tenía los ojos en el Reino Unido, el parlamento de Cataluña aprobó con 106 votos a favor y 28 en contra una ley regional que autoriza al Gobierno catalán a organizar consultas populares no vinculantes dentro de su ámbito de competencias, lo que a priori no incluye la integridad territorial española.
Sin embargo, alegando que la consulta es un instrumento dirigido a conocer la posición de la ciudadanía catalana, según recoge la propia ley, Mas debe convocar a los catalanes a votar el 9 de noviembre. Votar es el buen camino y de hecho es el único camino para resolver los conflictos, había asegurado en referencia a Escocia.
La respuesta del Gobierno español debía ser inmediata, con la presentación de un recurso ante el Tribunal Constitucional. Estamos muy felices de que Escocia siga estando con nosotros, afirmó el jefe del ejecutivo, Mariano Rajoy, celebrando que los escoceses eligiesen entre la segregación y la integración, entre el aislamiento y la apertura.
El ejemplo
8,000 personas viven en Arenys de Munt, a 40 kilómetros al norte de Barcelona, que fue la primera en organizar una consulta simbólica sobre la separación de Cataluña, en septiembre de 2009. La votación, muy favorable al sí, tuvo un efecto dominó y en 2011, 553 municipios habían organizado su consulta, incluido Barcelona.
- «Esas consultas pusieron la cuestión sobre la mesa para mucha gente. Pero el 9 de noviembre no puede ser un Arenys de Munt 2, las cosas se tienen que hacer de manera correcta», afirma su alcalde, Joan Rabasseda, del partido independentista de izquierdas ERC.
- El independentismo no dejó de crecer en esta región de 7,5 millones de personas y con 20 por ciento de la riqueza española, privada en 2010 de una parte de su estatuto de autonomía reformado, tras una sentencia del Tribunal Constitucional.
- En 2012, la división se acentuó cuando Rajoy negó a Cataluña una mejor financiación en plena crisis económica.
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