Carlos R. Flores*
4. El no tener idea del valor de lo correcto. Los problemas causados por este fenómeno son distintos de aquellos que son causados por la ignorancia. El ignorante puede ser entrenado, y una vez que se le han proporcionado las herramientas, usualmente no repite ese tipo de errores. El que no tiene ni idea del valor de lo correcto, sin embargo, nada se le puede enseñar, y en realidad rechazará cualquier intento de mejora, creyendo entonces que sus conceptos son los más adecuados para el propósito.
Esto se ve muchas veces en situaciones que por más que una persona esté ejecutando un trabajo en forma incorrecta, a la hora de tratar de convencerle, argumenta que la suya es la forma procedente de hacerlo porque lo viene haciendo desde hace muchos años y que no tiene problemas en continuar haciendo el trabajo de esa manera errada. Esta conducta es una generadora frecuente de incidentes. Puede también este comportamiento ser etiquetado como el de “cinismo educado”, que he tratado de establecer como una conducta típica de aquellas personas que saben lo que hay que hacer, pero sin embargo, continúan ejecutando las labores en forma incorrecta.
5. Consentimiento de voluntades. Si algo no es parte de la solución, de seguro sí lo será del problema. Simplemente ir con el flujo y no tomar parte en solucionar una situación es un pecado capital en el establecimiento de una disciplina operacional sostenible.
Algunas organizaciones prefieren actuar por inercia, debido a que así —en forma ingenua— evitan el conflicto, o piensan que no es de buen recibo buscar soluciones específicas a ciertas situaciones surgidas. Lo grave es que esta indolencia es un caso que colinda con la complicidad por una situación que debió haber sido predecible en sus consecuencias, al evitar conscientemente tomar acciones correctivas y preventivas.
Recuerdo algunas situaciones absurdas, que rayaban en la complicidad. Ciertos contratistas de trabajos de mediano y alto riesgo en una empresa eran movilizados a las oficinas de esa organización en las llamadas tinas o pailas de los pickups, situación muy peligrosa, que aunque es permitida irresponsablemente en Nicaragua, es notoriamente riesgosa e irresponsable. En otros países, como se sabe, esta práctica que se considera aquí como “normal”, puede tener multas hasta de cárcel por la evidente exposición de personas al peligro, figura que también está contemplada en nuestro Código Penal, pero en forma decorativa. Resulta que los contratistas eran transportados así desde sus puntos de abordaje hasta la compañía, pero al llegar a la misma, y ser esta práctica peligrosa no tolerada solamente dentro de las instalaciones, ellos muy responsablemente descendían de las tinas, y marchaban caminando —casi que marchando— hacia el interior de la compañía. Tragicómico.
6. Búsqueda de culpables: Este es otro de los pecados mortales que tienen consecuencias más negativas en todo el personal. Me recuerdo de una situación en donde en el caso de la investigación de un incidente, se le mencionaba a la persona que estaba colaborando con el proceso que “el propósito era buscar lecciones aprendidas”, pero el tono, el lenguaje no verbal, el escenario, la forma en que se sesgaba el procedimiento, daba la impresión de ser un interrogatorio de la Gestapo y no un método de análisis profesional.
7. Confrontación: algunas personas solamente conocen los métodos represivos para cambiar las prácticas que tienen viejo arraigo en el error, herencia operacional o tradición. El refuerzo positivo para reemplazar conductas cuestionables de seguridad es un método que tiene una mayor probabilidad de sustituir los comportamientos inadecuados.
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