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¡Esenciales!

Respeto, diálogo, responsabilidad. Son algunas de las referencias vitales que conviene inculcar a niños y adolescentes para que crezcan en sociedad, convivan armónicamente con los demás y tengan una vida más feliz, explica a Efe el pedagogo Jesús Blanquet, quien propone algunos ejercicios para promover estos valores.

Respeto, diálogo, responsabilidad. Son algunas de las referencias vitales que conviene inculcar a niños y adolescentes para que crezcan en sociedad, convivan armónicamente con los demás y tengan una vida más feliz, explica a Efe el pedagogo Jesús Blanquet, quien propone algunos ejercicios para promover estos valores.

“El mejor legado que podemos dejar en herencia a nuestros hijos no son los bienes materiales, ni los títulos, sino los bienes intangibles, los valores que les transmitimos informalmente a través de la vida cotidiana, del contacto diario con ellos, del ejemplo y del testimonio que no se rinde”, señala Francesc Torralba, director de la cátedra Ethos de Ética Aplicada de la Universidad Ramón Llull de Barcelona (noreste de España).

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La responsabilidad “es la capacidad que cada persona tiene para conocer y aceptar las consecuencias de sus palabras y actos”, manifiesta el pedagogo Jesús Blanquet.

La austeridad frente al consumismo se refiere a que las personas deberían aspirar a ser consumidores críticos, conscientes de la necesidad del ahorro, de la previsión y una cierta austeridad.

La voluntad y constancia: aquí entran en juego la libertad, la responsabilidad y la actitud de renuncia de cada persona para hacer aquello que es su deber y no lo que le es más fácil o cómodo.

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LA MEJOR ESCUELA

El pedagogo Jesús Blanquet, licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, explica que “la familia sigue siendo el espacio idóneo para que los hijos reciban los consejos y las orientaciones más importantes para la vida: es la primera escuela de valores”.

Según Blanquet, “una educación que durante la infancia y la adolescencia transmita valores y actitudes facilitará en los jóvenes la construcción de una personalidad sólida y equilibrada, capaz de enfrentarse a los problemas mediante actitudes de diálogo, de comprensión, de honestidad y de tolerancia”.

En cuanto al respeto, es manifestar consideración, atención, afecto y valoración hacia las personas con las que nos relacionamos. Quienes no tienen respeto se manifiestan de forma agresiva y autoritaria, son desconsiderados en muchas situaciones, actúan de manera egoísta y prepotente y con esta actitud desprecian a las personas con las que conviven.

El diálogo “aunque es una necesidad humana, la convivencia, nunca es sencilla: ha de construirse y reconstruirse cada día. Su clave es el diálogo, el cual supone saber escuchar más que saber hablar”, afirma el especialista.

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