Eric Dailey trabajó con 12 estudiantes de Lincoln Academy. LA PRENSA/ ROBERTO FONSECA

Entrenador de alto nivel

El crujido inclemente del dolor arrugó sus dos rodillas y quebró las esperanzas de convertirse en una estrella de la NBA al entrenador Eric Dailey, quien estuvo cuatro días en el país adiestrando a 12 muchachos del Lincoln Academy, para el torneo centroamericano de la Asociación de Colegios Americanos de América Central (AASCA, por sus siglas en Inglés).

El crujido inclemente del dolor arrugó sus dos rodillas y quebró las esperanzas de convertirse en una estrella de la NBA al entrenador Eric Dailey, quien estuvo cuatro días en el país adiestrando a 12 muchachos del Lincoln Academy, para el torneo centroamericano de la Asociación de Colegios Americanos de América Central (AASCA, por sus siglas en Inglés).

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Eric Dailey afirma que sus mejores experiencias fueron en el baloncesto de Primera División de España, Argentina y Malasia, donde mostró su calidad en el juego. “Tenía un alto nivel y jugaba todas las posiciones”, agrega.

En Nicaragua, Dailey estuvo a cargo de Gina Vargas, directora de Gran Slam, en las clínicas que brindaba de 3:00 p.m. a 5:00 p.m. a 12 muchachos, aunque en octubre espera que sean más.

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Un embajador de la salud, a través de sus clínicas de baloncesto, se mueve al ritmo de la esperanza que le brinda a los jóvenes para que aprendan las técnicas fundamentales del baloncesto y a aspirar a más.

Hoy pudiera estar en Nicaragua o Puerto Rico, Ecuador, Alemania, Colombia o en los Estados Unidos, donde estuvo aportando a los entrenamientos con los Spurs de San Antonio, los Magic de Orlando y los Mavericks de Dallas, en cualquier parte que su brújula transformada en celular suene y le pidan apoyo, se dirigirá junto a su academia, bajo su mismo nombre.

Con dos cirugías y la paciencia de rehabilitarse seis horas diarias durante un lapso considerable para que sus huesos tomaran solidez, murió el deportista ilusorio y nació el maestro con la capacidad de instruir, transmitir conocimientos y dirigir entrenamientos, entendiendo las difíciles situaciones que pasan en la vida los atletas.

Aunque llegó a un país con un nivel bajo en este deporte, considera que se puede desarrollar. “Lo primero es que se trabaje con los coaches y luego se capten a los niños desde pequeños para que evolucionen”, indica Dailey.

Su rostro denota felicidad, a pesar de que considera que tenía el nivel de NBA. El hombre ahora detrás del aro, quien por primera vez pisa un país Centroamericano, regresará en octubre.

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