Luis Sánchez Sancho
Cayo Julio César nació en Roma el 10 —o el 11— del Quintilis (el mes quinto, como llamaban en esa época los romanos a esa parte del año que después llamarían julio, precisamente en honor a César) del año 100 antes de Cristo. Y murió en la misma ciudad de Roma el 15 (día de las calendas) de marzo del año 44, también antes de la era cristiana.
Julio César pertenecía a la gens de los julia (o yulia), que no era muy rica pero sí acomodada y sobre todo formaba parte de la nobleza, la cual estaba integrada por los grupos familiares que se consideraban descendientes de los fundadores de Roma. Las gens, según dicen los textos históricos, estaban formadas por agrupaciones de familias vinculadas entre ellas, constituían la base de la antigua sociedad romana y se distinguían por sus respectivos cognomentos, como decir los yulia, los valeria, los cornelia, los catilia, etc.
Pero los julia no solo se consideraban parte de la nobleza. Ellos se enorgullecían de algo mucho más importante, decían que eran descendientes directos de Ascanio (a quien los latinos llamaban Yulio), hijo de Eneas, el héroe troyano que según relata Virgilio en su poema heroico La Eneida emigró al Lacio después que Troya fue destruida, los troyanos asesinados masivamente y las mujeres sobrevivientes esclavizadas y convertidas en sirvientas sexuales por los jefes militares griegos. De aquella destrucción y matanza solo unos cuantos pudieron escapar, entre ellos Eneas con su esposa Creúsa (quien a poco se perdió en el camino), su padre, Anquises, quien murió en la ciudad siciliana de Drépano, y su hijo, Ascanio, llamado Yulio cuando ya estaban entre los latinos.
Según la leyenda fue el mismo Apolo, dios del sol y de la luz de la verdad y la sabiduría, entre otros auspicios, quien aconsejó a Eneas que se dirigiera a las tierras del Lacio donde debía fundar un reino o ciudad que habría de ser eterna.
Poco tiempo después de llegar al Lacio, Eneas se casó con Lavinia, hija del rey latino y fundó una ciudad a la que nombró Lavinio, en honor a su nueva esposa. Al morir, Eneas fue elevado al cielo por su madre, Afrodita, y su hijo Ascanio, quien para entonces ya era Yulio lo sucedió como rey de Lavinio. Pasados treinta años Yulio fundó la ciudad de Alba Longa en una colina cercana conocida como Monte Albano.
Tiempo después nació en Alba Longa la princesa Rea Silvia, hija del rey Numitor, quien era descendiente de Yulio. Silviera Rea era muy hermosa y una vez que se bañaba en el río, fue atacada y poseída sexualmente por Marte, el dios de la guerra. De esa relación sexual no consentida Rea Silva alumbró los gemelos Rómulo y Remo, quienes, cuando llegaron a adultos fundaron en otra colina cercana llamada Palatino la ciudad que fue llamada Roma en homenaje a Rómulo. Y la cual, tal vez por la profecía de Apolo, fue y es llamada hasta ahora la “Ciudad Eterna”.
Por esa leyenda es que Julio César se jactaba de ser descendiente directo de Afrodita, la diosa griega del amor y la belleza, a quien los romanos llamaron Venus. Es que Afrodita era la madre de Eneas, cuando en el monte sagrado del Ida, en el Asia Menor, tuvo una relación amorosa con el pastor Anquises. De allí que Afrodita fuera abuela de Ascanio o Yulio.
Por eso, cuando Julio César ya estaba en la plenitud de su poder y de su gloria hizo construir en el Foro Romano un templo consagrado a Venus Genetrix, en honor a la diosa que fue madre de Eneas y de la estirpe de los yulia. Y cuéntase que sentado majestuosamente en el podio o pedestal de ese templo, Julio César recibió un día a los miembros del Senado romano, demostrando con este gesto su ambición de poder absoluto. Pero esto le causó una enorme impopularidad y alentó la conspiración que no mucho tiempo después habría de costarle no solo el poder sino también la vida.
Finalmente, me parece interesante señalar que si bien el nombre de Julio era de noble estirpe, incluso divina, en cambio césar no era ningún título de honor ni de poder. En realidad césar era un apodo, significaba “peludo” y se les decía así a los yulio quizás porque la abundancia de pelo era característica de los varones de esa gens. Sin embargo Cayo Julio adoptó el apodo césar como nombre propio adicional y después fue el título de poder y honor de todos los emperadores romanos.