Ledia Gutiérrez
Psicóloga clínica
Defendemos posiciones contundentes en referencia a la libertad de elegir, derecho a ser felices, de cambiar.
Pero en un hogar donde existe una familia constituida, hijos a quienes se les debe proveer los elementos que ayudan a configurar una personalidad, llena de confianza, buena autoestima, solidez en las relaciones, manejo de emociones, sentimientos, pensamientos, que son los que conforman a un individuo de valores de capacidades.
Entonces no es posible que yo desee irme en busca de mi felicidad y dejarlo todo por mi bienestar.
Me parece lo más cruel, egoísta y absurdo que personas que se espera sean adultas y maduras puedan romper con un ciclo en evolución como es el desarrollo de los hijos, destruir sin miras en el daño que estoy provocando.
El maltrato psicológico que se les causa no es discutible, no se arregla con una pensión, con visitas semanales. El mal es grande, inmenso. El trauma que te abandone la persona que vos creés te ama más en el mundo, como son nuestros padres, a quien nos debemos.
La destrucción es casi irreversible científicamente hablando, por eso vemos hombres y mujeres con cadenas de maldición, discapacitados de afectos, imposibilitados de asumir responsabilidades y maduramente asumir lo que se contrajo en un momento, como es el compromiso irrompible de hacer una familia que Dios unió en matrimonio , hasta que la muerte los separe.
Antes de tomar una decisión donde se ponga usted, en primer lugar piense en lo que va a provocar, un derrumbe emocional. No tiene ningún derecho de provocar psicotraumas, no tienen por qué cargar los hijos con tan inmenso dolor.
Gracias por escribirme a mi correo [email protected].
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