Juan Velásquez Molieri
Cientos de veces —desde 2007—, algunos medios aseguran que tras alguna denuncia de corrupción o de incompetencia del Gobierno, o ante necesidades de explicaciones y problemas nacionales de toda índole por parte de periodistas, cuando éstos llaman o buscan a los funcionarios correspondientes, estos evaden aceptar llamadas y no aceptan preguntas ni dan ninguna explicación que aclararía estas situaciones.
Este estilo de los funcionarios del Gobierno de ocultarse de los periodistas, es la estrategia del silencio; y parcialmente impide que toda corrupción, observación, descaro, cinismo o incompetencia, no pase a ser una denuncia formal. Este nuevo estilo genera varios efectos.
Lejos de ocultar o impedir la corrupción o incompetencia y toda sospecha de ellas, este silencio pretende que los hechos denunciados pasen al olvido. Pero dejan la percepción que algo grave sucede; el rumor difunde la corrupción, la incompetencia, y el Gobierno, ocultándose en un gesto de involución, coadyuva a alimentar más oposición hacia el Gobierno. Otro efecto: el funcionario se somete a una autocensura, y traslada su censura al medio impidiendo toda develación del hecho.
En combativos y profesionales periódicos, —como el diario LA PRENSA—, ha existido una “morgue”, cuyo contenido guarda historia, un archivo de fotografías e informaciones de toda índole. Con la informática, esta información se ha modernizado, es veloz, está mejor resguardada y en ella no penetra el olvido. También están los libros de historia y otros recursos de investigación.
La informática es tan poderosa que —parcialmente— coadyuvó a la derrota del comunismo a fines de los ochenta. Por eso las tiranías comunistas como la cubana, la norcoreana, le temen a la penetración de la informática en sus sojuzgados pueblos; por ello es tan importante Radio Martí que denuncia e informa a su pueblo lo que sucede en la isla. Si estos medios no existieran, nada se conocería.
En Corea del Norte, a los periodistas extranjeros les imponen un acompañante para que no conozca ni se informe libremente. En dictaduras como la nicaragüense, ¿cuánto se oculta? Este es un efecto por el sometimiento de instituciones como la Contraloría, cuya develación de actos corruptos denunciados en los medios, nunca se conoce. Se destituyen alcaldes, —como el de Nagarote—, quien se ocultó y nunca se supo porqué fue destituido. Y como él, muchos más.
La estrategia del silencio procede del secretismo que es un recurso de dictaduras para ocultar su corrupción. Los funcionarios cortan las llamadas telefónicas cuando el periodista se identifica. Se ha liquidado el hecho de que estos son servidores públicos. El otro estilo es la cuasi prohibición en la mayoría de los funcionarios para quienes es prohibido informar. Otro estilo es el aburrido monólogo, de quien informa a su modo, como quiere y lo que quiere.
Nunca se sabe si los funcionarios “idos” o nuevos informan su patrimonio antes y al final de su gestión e ignoro si la Contraloría lo demanda como lo ordena la Ley. Esto es parte del descomunal daño que hace el pacto PLC-Frente Sandinista, de tener ahí a funcionarios sobornados a cambio de su silencio. Parcialmente, por ello, ir a elecciones en el 2015 con esta Ley electoral es inútil. Este es el peor hecho lesivo del pacto.
Los medios independientes son un riquísimo recurso informativo. Debemos ayudar a preservarlos porque denuncian la corrupción, los hechos, que los recursos nacionales se cuiden e inviertan honestamente. Las redes sociales son otro medio de denuncia y de comunicación. Aprendamos de ellas y usémoslas. Son un medio de defensa y ataque cívico. El autor es abogado.