Es evidente que la imagen internacional de Irán ha mejorado desde que el nuevo presidente iraní, Hasan Rouhani, asumió el Gobierno después que ganó la elección presidencial a mediados del año pasado. Irán ya no está de manera permanente en el centro de las malas noticias internacionales, como ocurría durante el gobierno del belicoso Mahmoud Ahmadineyad, quien era aliado del presidente inconstitucional de Nicaragua, Daniel Ortega.
Rouhani, cuando ganó la elección presidencial del 15 de junio de 2013, dijo que su triunfo electoral significaba “la victoria de la inteligencia, la moderación y el progreso sobre el extremismo”. Sin embargo, esa inteligencia, moderación y progreso solo la ha demostrado Rouhani en el ámbito de la política exterior iraní, motivado más bien por la necesidad perentoria de inducir a Occidente a poner fin o aliviar el embargo económico internacional que pesa sobre Irán para presionar a sus gobernantes a que desistan de su programa para dotarse de armas atómicas.
Pero si bien es cierto que la imagen exterior de Irán ha mejorado en el último año, también hay que decir que en el interior del país el rigor de la dictadura no ha disminuido. Y las violaciones a los derechos humanos, en particular la falta de libertad de prensa y la represión contra los periodistas independientes, continúan igual que cuando el gobierno de Mahmoud Ahmadineyad.
Precisamente en estos días el Centro Internacional para los Periodistas (ICFJ por sus siglas en Inglés) ha denunciado ante el mundo el encarcelamiento del periodista iraní —y ciudadano de Estados Unidos, porque nació en California— Jason Rezaian, corresponsal en Teherán del periódico estadounidense The Washington Post. Junto con Rezaian fue encarcelada su esposa, Yeganeh Salehi, quien también es periodista y trabaja como corresponsal en Irán para el periódico The National, de los Emiratos Árabes Unidos.
La Federación Internacional de Periodistas (FIP) se pronunció igualmente sobre el encarcelamiento de Rezaian y Salehi e hizo un llamado al Gobierno de Irán para que respete sus vidas y los ponga en libertad. Y no solo a ellos, sino también a otros 27 periodistas que se encuentran en prisión solo por ser periodistas independientes, la mayoría de ellos arrestados en los últimos meses.
La FIP recuerda en su mensaje al Gobierno de Irán que el presidente Rohani prometió reformas y cambios y aunque reconoce que “las relaciones internacionales de Irán han mejorado y se están llevando a cabo negociaciones en torno a su programa nuclear”, reclama, porque la represión contra los periodistas ha aumentado “simplemente por hacer su trabajo y contar la verdad”.
Justamente alarmado por el encarcelamiento de su corresponsal en Teherán, contra quien las autoridades no han presentado cargos pero medios oficialistas lo acusan de ser un espía de Estados Unidos y dicen que de acuerdo con la ley iraní debe ser condenado a muerte. El periódico The Washington Post ha pedido a todos los periódicos y periodistas libres del mundo que se solidaricen con sus colegas iraníes encarcelados y que demanden al Gobierno de Irán que respeten sus vidas y los dejen en libertad.
Solidaridad y demanda que nosotros respaldamos plenamente, de manera incondicional.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A