Max L. Lacayo
En 1984, el sacerdote Maryknoll, Miguel D’Escoto, ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua durante los gobiernos de Daniel Ortega y su Frente Sandinista (1979-1990), pretendía dejar establecido ante el mundo que a través de medio siglo había estado en gestación una exclusiva ideología nicaragüense, llamada sandinismo.
D’Escoto nos decía que Sandino fue una persona dotada con una gran cantidad de sabiduría popular y que fue quien sintetizó el común denominador o el resultado final del pensamiento político nicaragüense. El pensamiento sandinista, expresaba, descansa en cuatro pilares fundamentales: nacionalismo, aspiración democrática, su elemento cristiano, un sistema de justicia social.
Él aseveraba que este nacionalismo sandinista se manifestaba en la determinación del pueblo de recobrar su soberanía, trazar su propio destino y en el “derecho” de cometer errores. Esto último era un razonamiento deliberado para justificar las acciones del barbárico gobierno sandinista.
En cuanto a la aspiración democrática él decía que la humanidad había sido hecha a la imagen y semejanza de Dios para ser también “creadora” y ayudar a terminar el proyecto divino de la Creación. Así justificaba la libertad de cometer cualquier arbitrariedad, con el propósito de engendrar una nueva “democracia” sandinista.
El tercer pilar del pensamiento sandinista, según D’Escoto, es el elemento cristiano. Los valores evangélicos cristianos, nos dice, se reflejan en una de las principales características del sandinismo: el amor al prójimo. Y asegura que de ello se enteró leyendo los escritos de Sandino y observando las actitudes “cristianas” del tristemente célebre comandante Tomás Borge y de Daniel Ortega.
El cuarto pilar propuesto por este engañoso personaje se refiere a la justicia social como consecuencia de los valores del sistema democrático sandinista en beneficio de todos y cada uno de los ciudadanos nicaragüenses. Esto lo decía en el momento que los nicaragüenses sufríamos de las mayores calamidades registradas en nuestra historia: Éxodo de proporción bíblica, genocidio y demás violaciones a los derechos fundamentales de la población.
Miguel D’Escoto asegura que el entendimiento del capitalismo es una contribución marxista. Cree que la Iglesia católica será condenada por la historia, ya que hasta recientemente ha aceptado que nunca ha habido algo en la historia de la cristiandad más diametralmente opuesto a los valores cristianos que la filosofía liberal con su egoísmo y el capitalismo con su concepto de lucro.
D’Escoto cree que no se puede llegar a la no violencia de manera racional y que la violencia sandinista es algo natural. En este sentido, él argumenta que los sandinistas no tienen derecho a tratar de ser supernaturales (no violentos) a través de la oración y la espiritualidad porque nunca antes se ha intentado. Así es como la cruz llega a ser el símbolo de la vida y que como cristianos debemos compartir nuestra propia sangre y nuestras vidas. Este hombre de alma fundamentalista y terrorista es uno de los principales responsables del irrespeto a la vida humana y a los derechos individuales durante la administración sandinista.
Así lo consideró su santidad Juan Pablo II en 1984 y le impuso una “suspensión a divinis” que le impedía oficiar la misa. Ahora (2014) esa suspensión ha sido levantada por el nuevo pontífice Francisco para solo horas más tarde D’Escoto declarar públicamente que Fidel Castro es un elegido de Dios para transmitir el mensaje del Espíritu Santo en América Latina.
Esto me trae a la memoria nuestro popular adagio: gallina que come huevos, ni que le quemen el pico. EL AUTOR ES ECONOMISTA Y ESCRITOR