¿Actualmente quiénes reciben condecoraciones? ¿Los militares, los atletas olímpicos, los alemanes campeones del mundo? Pero no los poetas. Es muy difícil condecorar a un poeta. Un poeta lo tiene cuesta arriba, tiene que trabajar el doble, merecer el triple, sudar la camiseta de la poesía.
Por eso que el rey Juan Carlos I de España otorgará la Cruz de la Orden del Mérito Civil al pecho del poeta Francisco de Asís Fernández, que tiene más valor que todo el oro, la plata y el bronce fundidos.
Fue la última condecoración que otorgó el rey Juan Carlos antes de abdicar, todo un gesto, todo un símbolo para Francisco y para la poesía.
¿Con quiénes convive la medalla en el pecho de Francisco? Convive con el Festival Internacional de Poesía de Granada, sus diez ediciones y la undécima gestándose; con el renacimiento diario de su mala salud de hierro, como el Ave Fénix; convive con su amor por Gloria, con su amor a Granada, al lago Cocibolca, con su amor a Nicaragua, a la poesía, a la vida. Esta condecoración no está sola. Está rodeada de latidos intensos como tambores, de árboles que no quieren caer, que siguen dando fruto y sombra.
LA CIUDAD RODEADA DE VERSOS
Y está rodeada de poemas esperando salir del pecho de Francisco de Asís. Condecoran el pecho de un poeta guerrero que cada año vence batallas para que el Festival Internacional de Poesía de Granada despierte de sus dificultades, se levante y reúna poetas de todo el mundo. Un poeta terco como el madroño porque su vida ha sido leña para mantener vivo el Festival.
Un poeta terco sobreviviente en la selva densa como el guardabarranco. Un poeta tercamente enamorado de su flor nacional, que en su caso no es la sacuanjoche, sino la Gloria.
Antepasados del rey don Juan Carlos fundaron Granada en 1524, y Francisco de Asís Fernández, con una columna de fervientes de la poesía la volvieron a fundar en el 2004, con la primera edición del Festival.
UNA MEDALLA PARA GRANADA
Esta es una medalla para el pecho de Granada, para el pecho de Nicaragua, para el pecho de la poesía, y para el pecho de más de mil poetas de más de cien países que hemos recorrido las calles calientes de febrero, las calles llenas de gente amable, generosa, escuchando atenta los poemas, las calles del amor de Francisco de Asís por Granada y por la vida.
Y esta medalla se fragmenta hacia todo el equipo que cuida esmeradamente cada detalle en el Festival, desde su junta hasta la más morena de sus edecanas.
Condecorar a un poeta es abrir un hueco en su pecho para que salga el amor, la luz, la fuerza, el agua y el fuego.
Francisco es un molino que sigue dando vueltas, moliendo incomprensiones y dificultades para convertirlas en trigo cada febrero. Pero Francisco ya tenía diez condecoraciones en su pecho, una por cada edición del Festival, y la undécima ya se está acuñando en el fuego. Su vida es galopar como en este poema inédito, pequeño manual de alegrías:
Hay que montarse sobre los tañidos de las campanas
hay que galopar sobre una campana
cuando se derrumban las vocales
y el mar sordo se te sale por los oídos y por los ojos
y un caballito de madera se queda atrás
persiguiendo estrellas fugaces
para comérselas enteras.
Ahora sobre esa campana brilla una condecoración. Tremenda música escucha esa medalla del corazón de Francisco.
Muchos presidentes han recibido esta condecoración, figuras históricas realmente importantes, y princesas, arquitectos, juristas, políticos, ministros, sultanes y reyes, pero hasta donde alcanza mi vista, Francisco de Asís es el primer poeta en recibirla. Será porque Francisco es presidente de la República Popular de la Poesía, libre e independiente o Sultán de la Isla de la Poesía, que queda, cómo no, en el centro del Lago Cocibolca.
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