EMLIANO CHAMORRO
A juicio del jurista y experto constitucional Oscar Castillo Guido, si hay un caso en el mundo que por sí solo haya implementado y perfeccionado todas las modalidades posibles e imposibles de elecciones no auténticas, “ese caso, es sin duda, Nicaragua”.
“Sin exagerar, resultaría incompleto un estudio sobre conceptos e índices de integridad electoral si no se considerara como un antiejemplo de una democracia auténtica el caso nicaragüense”, afirma el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Politécnica (Upoli).
Según el experto jurídico, las elecciones en “Nicaragua han sido, en muchos de los casos y a lo largo de su historia, instrumentos del poder para legitimar dictaduras reales o aquellas disfrazadas de democracia”.
Sin embargo, Castillo sostiene que pese a todo y después de años de tiranías y democracias de fachada, el país comenzó una nueva era democrática a partir de la derrota electoral sufrida por el gobierno de turno en 1990.
No obstante, Oscar Castillo lamenta que los avances han sido insustanciales, al punto que los últimos períodos electorales han sido cuestionados por la falta de credibilidad de los árbitros electorales que conforman el Consejo Supremo Electoral (CSE).
“Después de estos años de alternancia debemos concluir, con más realismo que optimismo, que tales avances fueron insustanciales, al grado que se han reeditado, en los últimos períodos electorales, todo tipo de sospechas y dudas acerca de la autenticidad de las elecciones”, estima Castillo.
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