Hecatombe

Desde que te fuiste estoy escribiendo para que sepás que ya no escribo para impresionarte, que ya dejó de preocuparme esa banalidad o vanidad como vos siempre decís. Ahora yo escribo por compromiso moral, para comprenderme, para desahogarme, para sacudirme la basura que se ha globalizado en este plutónico planeta, que camina enmuletado y a ciegas hacia su fatal desenlace; aunque a decir verdad me gusta que me lean principalmente los de afuera y los de abajo también, para que vean que todavía existen hombres que escriben lo que los mata.

Desde que te fuiste estoy escribiendo para que sepás que ya no escribo para impresionarte, que ya dejó de preocuparme esa banalidad o vanidad como vos siempre decís. Ahora yo escribo por compromiso moral, para comprenderme, para desahogarme, para sacudirme la basura que se ha globalizado en este plutónico planeta, que camina enmuletado y a ciegas hacia su fatal desenlace; aunque a decir verdad me gusta que me lean principalmente los de afuera y los de abajo también, para que vean que todavía existen hombres que escriben lo que los mata.

Porque yo muero cada día al ver tanto desamparo y pobreza, muero cada día al ver a la bestia racional aplastar los cráneos de la humanidad; porque lo más trágico es que el humano es ahora víctima de su propia humanidad, y su inteligencia es la bomba de neutrones de su tan esperado final, las célebres palabras de Goethe de que “la humanidad acabará triunfando” suenan ahora tan huecas en este lugar en donde la inteligencia ha muerto, y el dragón tricéfalo es ahora el protagonista de la historia.

Y es que la razón es una bala circular para los excluidos de este paradisíaco infierno que hemos construido todos, en donde primero existo yo y luego pienso en los demás, y el progreso es ahora la filosofía enajenada que lo devora todo en manos de una tribu nómada y corporativa que habla como hombre y actúa como robot, y hasta la naturaleza es ahora víctima de la megalómana carrera por la ganancia y el poder de unos endemoniados que nos acercan cada día más a una explosión de sol, o a una hecatombe mundial, ser o tener esa es la pregunta ahora. La poesía se desangra en las fábricas e instituciones, y los ángeles caídos se multiplican cada día más para beneficio del Gran Capital que ensombrece cada milésima de segundo la vida de los del otro lado de la acera; de los que viven en el muladar, y en los suburbios de las grandes urbes y metrópolis y también de los que existen en el mundo cero y virtual, porque lo más importante para ellos son ellos mismos precisamente, su individualidad y egoísmo que representa el tiro cibernético y de gracias a los mártires de la miseria, y a ecce homo que pulula descuartizo y reciclado en las calles buscando el pan de cada día.

Yo por eso y por mucho más, ahora que ya no estás en este maldito y bello mundo ya no escribo solamente pensando en ti, porque sé que en donde estás estás bien mi amor, o por lo menos mejor que aquí, en donde el homosapiens continúa su debate evolutivo hacia el homo-moralis o hacia el homo-selvaticus que aún cree en la esperanza y se prepara para el gran megafinal. Ahora cuando escribo lo hago simplemente para saber sobrellevar mi absurda condición humana que pide a gritos libertad.

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