Un ambiente de inseguridad y miedo es lo que se ha creado en la sociedad nicaragüense, después de los sangrientos atentados terroristas del sábado 19 de julio por la noche en dos carreteras del norte del país, con el saldo trágico de cinco simpatizantes del Gobierno muertos y casi veinte más que resultaron heridos. Hay temor entre opositores y críticos del Gobierno, sobre todo, pero también entre la gente independiente que es ajena por completo a la política.
El lunes pasado, Daniel Ortega aseguró que en la persecución contra los individuos que perpetraron los mortales atentados terroristas contra los partidarios del Gobierno, él no busca venganza sino que se aplique la ley y se haga justicia. Sin embargo la represión de la Policía en Darío y otros lugares del norte del país, violando las garantías constitucionales y procesales de las personas, contradice de manera flagrante las palabras de Ortega. Lo que se ha hecho allí no es aplicar la Ley sino crear un ambiente de temor que se proyecta en todo el país.
Algunas personas que escriben para LA PRENSA artículos de opinión críticos del Gobierno, nos dicen que familiares y amigos les aconsejan dejar de escribir, o por lo menos bajar la intensidad crítica de sus escritos, porque podrían ser víctimas de cualquier forma de represión. Otros colaboradores de nuestras páginas de opinión nos han pedido considerar la posibilidad de firmar sus artículos con nombres supuestos, como se hacia en los tiempos de la dictadura somocista y la dictadura sandinista de los ochenta, para protegerse de la represión. No es que los han amenazado directamente, es que temen ser víctimas de represalias que no necesariamente tendrían que ser del Gobierno directamente, sino de turbas extremistas como los bandidos motorizados.
Por otra parte, contribuyen a aumentar el clima de temor que hay en la sociedad nicaragüense, aquellos partidarios del régimen orteguista, incluyendo a periodistas oficialistas declarados o solapados, que irresponsablemente acusan a los medios de comunicación independientes y críticos, incluyendo al Diario LA PRENSA, de instigar los actos de violencia como los atentados terroristas del sábado 19 de julio corriente. Esta es una acusación temeraria que además de ser absolutamente falsa podría implicar alguna amenaza criminal, por lo cual la rechazamos y denunciamos categóricamente.
Cuando decimos que los actos terroristas del 19 de julio que cobraron la vida de cinco partidarios del Gobierno han incrementado el miedo existente en Nicaragua, es porque desde mucho antes que ocurrieran esos lamentables y condenables hechos criminales ya había mucho temor en la población, por razones políticas.
En febrero del año 2007, apenas un mes después de que Daniel Ortega recuperó la Presidencia de Nicaragua, la firma encuestadora CID Gallup reportó que el 39 por ciento de los nicaragüenses consultados tenía temor de opinar sobre temas políticos. Un año después, en 2008, el porcentaje de nicaragüenses con miedo de expresar abiertamente sus opiniones políticas subió hasta el 68 por ciento. Y ahora seguramente debe ser muchísimo más.
Da tristeza reconocerlo, pero Nicaragua es un país de gente con miedo. Miedo a quienes detentan autoritariamente el poder político, judicial, militar y policial.
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