Daniel Ortega ha asegurado que no busca venganza por las cinco personas partidarias de su Gobierno que fueron asesinadas el 19 de julio pasado, cuando la caravana en la cual regresaban a sus hogares después de participar en la celebración del 35 aniversario de la revolución sandinista, fue atacada a balazos.
“Aquí no se trata de ir por la vía de la venganza; si escogiéramos el camino de la venganza estaríamos traicionando los compromisos que hemos asumido con la paz que hemos venido construyendo”, declaró Ortega el lunes 21 de julio por la tarde durante un acto religioso en memoria de sus partidarios asesinados.
Nosotros esperamos que estas palabras de Daniel Ortega sean sinceras y que los miembros de sus fuerzas armadas, policiales y militares, lo mismo que sus partidarios políticos, las tomen como una orientación o una orden de su jefe máximo. Esto tranquilizaría a todos los nicaragüenses que sienten temor de que la masacre de partidarios del gobierno ocurrida el sábado pasado en las cercanías de Ciudad Darío y San Ramón, pudiera ser aprovechada como pretexto para desatar una represión generalizada e indiscriminada contra la oposición política y social; y para silenciar a los pocos medios de comunicación críticos e independientes que todavía quedan en Nicaragua.
Dijo Daniel Ortega que los hechos sangrientos del 19 de julio en la noche, son una muestra de “rencor, de odio, porque para asesinar hay que llevar adentro mucho odio, mucho rencor”. Esto es cierto. Pero lamentablemente Ortega no condenó antes ese mismo odio y rencor de sus partidarios que asesinaron a varios ciudadanos opositores en El Carrizo, Ciudad Darío y El Tortuguero.
Al asegurar que no busca la venganza sino la aplicación de la ley, el presidente inconstitucional Daniel Ortega agregó que en Nicaragua hay autoridades competentes para descubrir a los culpables, detenerlos y ponerlos a la orden de la justicia. Pero al respecto también debemos lamentar que esas mismas autoridades no actuaran con la competencia que el señor Ortega les atribuye, en los antes mencionados casos de los nicaragüenses opositores que han sido asesinados por partidarios de su Gobierno.
El cardenal Leopoldo Brenes y su obispo auxiliar monseñor Silvio Báez, en el comunicado de la Arquidiócesis de Managua de la Iglesia católica mediante el cual condena públicamente la matanza de simpatizantes sandinista ocurrida el 19 de julio recién pasado, hicieron también un vehemente llamado a todos los nicaragüenses para que “¡Condenemos la violencia y no la justifiquemos, pero tampoco la promovamos y provoquemos nunca más en nuestra amada patria que ya ha visto tanta sangre de sus hijos derramada injusta e inútilmente!”
Si en realidad Daniel Ortega tiene el compromiso con la paz y la reconciliación que dice tener, tiene la oportunidad de demostrarlo abriéndose al diálogo nacional que le pidió la Conferencia Episcopal el 21 de mayo pasado; y permitir la celebración de elecciones justas y limpias que permitan reconstruir la institucionalidad democrática de la república y restablecer la confianza y la tranquilidad de todos los nicaragüenses. Los medios de comunicación, por nuestro lado, debemos atender el llamado de los obispos cuidándonos de no permitir a nadie, ni a los de arriba ni a los de abajo, ninguna prédica de odio e incitación a la violencia.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A