Joaquín Absalón Pastora
No solo en Nicaragua se politizan los elementos sagrados de la vida puestos por la naturaleza en la tierra con el auxilio de las manos, sino en los escenarios industrializados de países como Estados Unidos. Aquí, para situar un significativo ejemplo se hace bandera partidaria de los frijoles, mil veces solidarios con la sustentación, mas no con la felonía de los círculos cerrados. inmigrante
El mundo está siendo testigo de manipulaciones que superan los límites de la escrupulosidad no solo con la proteína, sino con el procedimiento que se debe manejar con el destino de los niños enviados a tierras extranjeras por sus padres. Y en este sentido los republicanos y los demócratas no terminan de agotar los recursos orales para echarse la culpa de lo que ocurre, cada uno en un “ir y venir” de “salidas de baño”. En la medida en que crecen las réplicas, en esa misma decrece la posibilidad de algún arreglo.
Vivimos atiborrados de crudas actitudes provenientes incluso de quienes trajeron al mundo a las inocentes víctimas, sus propios padres que los hicieron con amor en la cama para solo darles dolor en el futuro, pues eso padecen cuando son enviados a la soledad de las fronteras, teniendo como lazarillos a todo lo que es lo contrario de la piedad: los “coyotes”.
Crea estupefacción la adición de calamidades a nivel planetario y más cuando se impacta en los niños, muchos de ellos muertos en la salvaje confrontación entre fuerzas de Israel y Palestina. Y lejos de ahí la visión se satura de nubes sombrías cuando se sabe que los niños valiéndose de sus desabrigados recursos son puestos en el límite, algunos de ellos auxiliados, otros en el inhóspito yermo. Son los protagonistas auténticos de un drama que ha urdido la aventura migratoria, llevando de estandarte a la esperanza. El crimen nace con solo exponerlos, aunque en algunos casos se encuentren con el consuelo de un refugio con rango de paraíso en ese instante, donde humanamente se les atenderá mientras se estudie la situación en consonancia con la valoración migratoria de los suyos, consanguíneos o no…
Pero, ¿cuál es el origen de esta tragedia en acumulación desde hace años? Los adultos emigran porque en sus respectivos países, dentro de los cuales esgrimen imágenes más visibles, Honduras, El Salvador y Guatemala (Nicaragua no aparece tan quemada), niegan las perspectivas de la vida decorosa, llegando al extremo los emigrantes de incurrir en abominación contra la tierra donde dejaron el ombligo. Entonces buscan al edén del norte quedando los niños rezagados para la posteridad con el plan de incorporarlos, con la ilusión de unificar a la familia. Y es en ese aspecto donde los gobiernos tienen en la coyuntura de la fatalidad una alta porción de culpa también compartida por la situación de los que emigran. Pero ¿por qué el porvenir de los niños paga “los platos rotos”? Cabe decir en esta masiva incidencia que Estados Unidos no ha sido justo con Latinoamérica en el tratamiento social, político y económico que le corresponde. Ha estropeado compensaciones pertinentes en campos que no es del caso tampoco detallar. Ellos están concentrados en la preservación de los intereses políticos individuales, partidarios, en exprimir el jugo de las debilidades. Difícil decir hasta dónde llegará esto. ¿La solución? Acaso la quimérica del papa Francisco.
El autor es periodista.
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