Giancarlos Stanton demostró que cuando le pega a la pelota la desfigura por completo y José Bautista arrancó de una forma que parecía que nadie lo podía parar, pero fue el cubano Yoenis Céspedes, quien tras un tímido despegue, fue creciendo en la competencia para cerrar con una potencia bestial que lo llevó a retener la corona del Derby de los Jonrones, el espectacular show de los bateadores que sirve de antesala al Juego de las Estrellas de las Grandes Ligas.
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Céspedes se unió a Ken Griffey Jr. como ganadores de este evento en años consecutivos. El bateador del swing dulce lo hizo en 1998 y 1999.
El cubano arrancó tan frío que casi queda fuera en la primera ronda, en la cual clasificó de último en la Liga Americana, después de un desempate con su compañero de equipo en Oakland, Josh Donaldson.
En esa primera vuelta, Bautista fue el gran animador con 10 batazos a las gradas. Stanton fue el líder de la Liga Nacional con seis, pero cada uno de ellos fue impresionante por el poder descomunal que exhibe.
Céspedes comenzó a crecer a partir de la segunda etapa, estremeciendo el Target Field de Minnesota, al dejar en el camino a Adam Jones y después pasó sobre Bautista en la semifinal, mientras que al disparar nueve jonrones en la final, incluyendo el batazo más largo de la noche en el Derby, un proyectil que fue a estrellarse a 452 pies del plato, lo que dejó congelado a Todd Frazier, quien solamente pudo sacar una vez la pelota del parque.
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