José A. Peraza Collado

Los caminos para la unidad

El PLC y PLI nombraron a sus respectivas comisiones para discutir la unidad entre liberales. Detrás de este planteamiento está la convicción de que la unidad parte del acuerdo entre liberales; posteriormente, los otros partidos, movimientos políticos y sociedad civil se van a integrar a la locomotora liberal. La lógica subyacente es que los liberales deben hegemonizar cualquier alianza que desemboque en una unidad contra el proyecto dictatorial de Ortega.

La visión del PLC es muy simple, unimos primero al liberalismo, y si es en torno al PLC mejor; en una segunda etapa, se nos suman las demás fuerzas democráticas. El enfoque del PLI no es muy diferente, el PLI es el único que tiene tendido electoral completo, el que ha invertido tiempo, dinero y esfuerzo en restructurar el partido, en aceitar la maquinaria en los municipios. Para ambos, no existe oposición sin la unidad de los liberales. Esta es una verdad que yo he comprobado en los municipios.

Y el Movimiento Unidad con Dignidad de Edgard Matamoros que plantea que el liberalismo de base demanda la unidad, con la diferencia que esta se debe hacer con la gente, no con las cúpulas. De allí extrae su legitimidad para demandar una unidad independiente de los mandamases del PLC y PLI. Advierten que si no los toma en cuenta ya, van a avanzar solos, que los que gritan la unidad y no la quieren, quedarán relegados por la historia.

Los otros partidos y los movimientos políticos y sociales que se oponen a Ortega planean una unidad más amplia. Demandan la necesidad de conformar una unidad más incluyente sobre la base del consenso y la representación igualitaria, que respete la identidad de cada uno de los integrantes para constituir una opción política nacional que aglutina a todos los sectores. Muchos de estos grupos se aglutinan en la Unidad por la República.

Dentro de estos últimos se encuentra el MRS, que a pesar de su pequeñez ha logrado establecer alianzas y reconocimientos importantes dentro de los liberales de las ciudades. Estos le reconocen su cercanía y solidaridad con las bases. Muchos liberales, decepcionados de su liderazgo, reconocen en el MRS su vitalidad opositora y su vinculación con la gente. Los liberales y grupos de oposición más duros perciben al MRS como un grupo sin credenciales auténticamente democráticas. No obstante, muchos de los planteamientos en el ámbito social y político del MRS muestran el embrión de un partido de izquierda moderno, pero exótico a la mayoría de las bases liberales, no acostumbradas a las discusiones ideológicas para definir las estrategias de lucha.

Basado en mi trabajo de campo sobre la unidad, creo que esta no puede demandarse como representación igualitaria, porque la mayoría de los dispuestos a trabajar y a movilizarse provienen del liberalismo. Al mismo tiempo, la dirigencia liberal actual proyecta sobre su base una gran desconfianza sobre su autenticidad opositora. Las bases liberales demandan representación, que sus líderes estén a la altura de las exigencias y una nueva forma de hacer política que las haga sentirse representadas. Demandan la aceptación de la disidencia. No obstante, la dirigencia liberal, en su atraso político, ni siquiera entiende el reclamo y regresa a los antiguos métodos. Sin embargo, cuáles son los otros grupos que están dispuestos a aceptar la disidencia interna que tan fervientemente demandan de los liberales.

En conclusión: tenemos una mayoría liberal huérfana de ideas y de liderazgo para encarar los desafíos de la dictadura y los problemas de la Nicaragua del siglo XXI. Existen grupos políticos minoritarios con un discurso más beligerante y estructurado, que se despliegan mediáticamente pero que tienen muy poco contacto con las realidades y necesidades de la gente. En otras palabras, parece que unos están más avanzados en qué hacer y otros en cómo hacerlo. Se necesita de los pensadores, de los comunicadores y de los realizadores y ningún grupo tiene los tres componentes. Cuando le pregunté a un dirigente de base cómo debería ser la participación política me respondió: “La forma correcta de hacer política es buscar el bien común, formar una estructura con la ciudadanía, sin olvidarse de sus bases y darle seguimiento a la gente”. Parece que ese es el camino. El autor es politólogo

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