EFE
Los días festivos decretados en Brasil por el Mundial de futbol, en los que a cada partido de la selección nacional se repite el paisaje de calles vacías y empresas cerradas, comienzan a sentirse en la economía, con una caída de la producción industrial y de la actividad en general.
Los festivos tuvieron un papel clave en el resultado de la industria automovilística en el primer semestre. La producción de vehículos disminuyó un 23.3 por ciento entre mayo y junio y esa caída fue atribuida en parte a que el Mundial redujo a solo 17 los días laborales en junio.
Varias agrupaciones de pequeños comerciantes también expresaron su preocupación ante la pérdida de ventas durante el campeonato. El Sindicato de Tiendas de Comercio del municipio de Río de Janeiro calcula que sufrirá pérdidas de 869 millones de dólares durante el Mundial, debido al cierre de los establecimientos.
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Los indicadores hasta ahora divulgados contradicen por lo menos a corto plazo los argumentos del Gobierno brasileño sobre los beneficios del Mundial para la economía del país.
Mientras que los brasileños disfrutan cada año de una media de nueve festivos nacionales y siete regionales, en lo que va de 2014 Río de Janeiro ya contabiliza doce festivos, debido en parte a la decisión del ayuntamiento de liberar las jornadas laborales que coinciden con partidos en el Estadio Maracaná.
Y cada día sin trabajo representa una pérdida de 3,610 millones de dólares en la industria brasileña, según cálculos de la Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo (Fiesp).
A pocos días de la final del campeonato, los primeros en levantar la voz de alarma fueron el sector automovilístico y el de electrodomésticos.
Según un informe de la Asociación Brasileña de Industria Eléctrica y Electrónica, el 58 por ciento de las empresas de este sector prevén pérdidas en su producción durante el torneo.
Grandes fabricantes concedieron vacaciones colectivas para ante la caída de la demanda y el temor de que el rendimiento de los operarios caiga durante los días con partidos.
Los directivos de Electrolux, por ejemplo, decidieron dar vacaciones colectivas durante el torneo a 4,600 de sus 8,600 trabajadores en Brasil, mientras que la fábrica de Samsung en Manaos está cerrada desde el pasado 9 de junio.
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