CARLOS R. FLORES (*)
Existen a veces algunos comportamientos aparentemente sin sentido que hacen que el personal se lastime en un percance laboral. Típica y superficialmente, se considera como razones:
1) distracción;
2) falta de previsión;
3) torpeza;
4) temeridad
Las conductas que llevan a incidentes tienen, al igual que toda actividad humana, ciertos precursores que son importantes de entender, para no diagnosticar erróneamente una situación cuya prescripción también sea incorrecta.
Las conductas que llevan a incidentes con lesión tienen siempre un origen autobiográfico.
Me explicaré. Aconteció en una empresa que emplea numerosa mano de obra en labores agrícolas, en la cual la proporción de estos sucesos es alta, y que el personal, según lo manifestaba su dirección, tenía según pensaba, la llamada “enfermedad del olvido”, ya que supuestamente se le ilustraba recurrentemente al personal sobre los peligros en el trabajo, pero que acontecía que la tasa de incidentes no variaba, llegando a su propia conclusión que las personas no interlizaban a propósito lo que se les indicaba, pensando acaso que si estos poseían una especie de tara mental que les impedía hacer lo correcto.
Las ideas subyacentes detrás de ese razonamiento deben ser exploradas, ya que nadie deja de responder a un estímulo positivo. El problema surge en las hipótesis o conjeturas propias, puesto que se asume erróneamente que toda persona razona con nuestro mismo discernimiento, siendo esto incorrecto, ya que usted puede asumir que la seguridad y el autocuidado debe ser una conducta natural en el individuo, pero frecuentemente esto no es así.
Hay que buscar las raíces de estas conductas en la formación del individuo y su producto básico: la autoestima.
Usted seguramente proviene de un hogar en donde se le brindó cuidado y estima, dándole a usted un “imprinting”, o fijación inducida, que es una persona ciertamente apreciada, que su integridad física es valiosa; con certeza que se le formó una actitud de evitar todo peligro, dándole un mayor nivel de conciencia. Pero lógicamente no todas las personas tuvieron esa fortuna.
Con certeza —y usted no tiene por qué saberlo— numerosas personas en un sitio de trabajo, especialmente en las empresas agrícolas, provienen de eventualidades, en las cuales —desgraciadamente— sufrieron desde la infancia violencia física o psicológica, experimentaron maltrato y desprecio para su propia existencia al ser supuestas cargas para una condición económica desfavorecida, lo cual llevó a que las personas creyeran en que en verdad eran seres prescindibles, y que consecuentemente no vale la pena protegerles, ni mucho menos autoprotegerse, ya que en su “software mental” nunca ha dejado de correr el programa de ser “descartables”.
Se sorprendería usted, si hace una indagación independiente, lo extraño que puede sonar para estos colaboradores decirles que son seres valiosos y que necesitan protegerse de un incidente laboral, y con mucha más razón, explicarles que su verdadero empleador es su familia dependiente, para no repetir el vicioso y deformante ciclo de daño a la autoestima de sus descendientes.
Empezar a cambiar el paradigma es el inicio de un cambio cultural efectivo en seguridad.
(*) Consultor en Seguridad Industrial.
www.noalosaccidentes.wordpress.com
Ver en la versión impresa las páginas: 3 C