Octavio Enríquez

El número diez

El número diez puede tener un significado distinto para cada quien. Si eres católico ahí está ese número recordándote los mandamientos de Dios, cargados de tanto significado. Si eres amante del futbol, ahora que está el Mundial, ahí está el diez para recordarte a lo mejor de la historia corriendo por un campo y marcando un gol inolvidable.

Si viviste los años ochenta en Nicaragua y sudaste la camiseta de la última revolución del siglo XX en América Latina conocerás que bastó una década para que el sueño acabase, para que los dirigentes que predicaban la abolición de un sistema injusto terminaran convertidos en todo lo contrario que predicaron.

Vamos ahora a un episodio feliz. Si te gusta sentarte a escuchar música con tu padre, como hacía yo, recordarás detalles íntimos como los diez cantantes predilectos del tuyo, que en mi caso eran Vicki Carr, Julio Iglesias, El Puma, Simone, Luis Miguel y hasta escucharán, igual que yo, a Armando Manzanero desde la vieja grabadora de casete cantando “Somos novios/ mantenemos un cariño limpio y puro” o “voy a apagar la luz para pensar en ti”. Canciones que nos emocionaban, y que llenaban a mi madre de cariño.

Para los libros, que tengo mi lista, también tengo diez que nunca olvido: El Evangelio según Jesucristo de Saramago. Sostiene Pereira de Tabucchi, los cuentos de Ernest Hemingway, Castigo divino de Sergio Ramírez, España contemporánea de Rubén Darío, La Biblia, Amor en tiempos del cólera de García Márquez, Las tribulaciones del Gaviero de Álvaro Mutis, o aquellas lecturas como los poemas de Salvador Murillo, o los cuentos de Juan Aburto.

Para ejercer el periodismo se puede construir también un decálogo: 1) Amar a la verdad que siempre es comprobable y buscar ese balance de voces (equilibrio) tan necesario en las notas que escribimos. 2) Respetar a la fuente, pero tampoco asumir que te dicta la nota. La distancia es saludable. 3) Es preferible un “on the record” que alguien que dispare desde el anonimato, quienes hablan desde el anonimato son una excelente guía para comenzar una historia pero no para concluirla. 4). El respeto a los derechos humanos, recursos naturales y al sistema democrático es indeclinable para un periodista. 5). La información que recopilamos y escribimos es importante porque es útil para nuestros lectores, no lo es porque infle nuestro ego, que en el caso de los periodistas es a veces del tamaño de catedrales. 6). Integridad personal: escribir sobre la corrupción e injusticia debe hacerse de la manera más transparente. 7). Contrapeso al poder: los reportajes construyen memoria y son un excelente mecanismo para cuestionar a los poderosos. Siempre la memoria se necesita para no repetir la historia. 8). La población tiene derecho a pensar y expresar una opinión diferente de lo planteado por los periodistas. Es lo que se conoce como réplica. 9). El secreto profesional es inviolable. 10). Debe estar claramente separada la opinión de la información, de cualquier interés publicitario y personal. Diez puntos que pueden ser once o doce, o los que cada quien vaya sumando a cuenta individual, porque, aunque no lo parezca, los periodistas hablamos muy poco de nuestro trabajo y es cuando estamos solos y entre amigos que hacemos y rehacemos este decálogo con el que usted puede estar en desacuerdo o al que puede sumar ideas. El autor es periodista nicaragüense

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