Lo que más llamó la atención de la marcha opositora realizada el domingo 6 de julio corriente en la ciudad de Managua, convocada por el movimiento liberal denominado Unidad con Dignidad, fue el arbitrario boicot policial.
Según declaró uno de los organizadores de la marcha a los noticieros de Radio Corporación, por lo menos seis mil personas fueron impedidas de participar en la actividad política cívica, por el ilegal bloqueo policial. Decenas de autobuses contratados para trasladar a manifestantes opositores desde distintos lugares del país, fueron detenidos por los agentes policiales, que incluso impidieron a muchas personas bajadas de los autobuses que fueron impedidos de circular, utilizar el transporte público para poder llegar hasta Managua.
El boicot de la Policía orteguista a esa marcha opositora fue una flagrante violación a los derechos humanos y constitucionales de los nicaragüenses. El derecho de reunión y de manifestación y movilización pública es inherente a los ciudadanos. Es una facultad garantizada legalmente por la Constitución de la República de Nicaragua, la cual en sus artículos pertinentes dice lo siguiente: “Arto. 53. Se reconoce el derecho de reunión pacífica; el ejercicio de este derecho no requiere permiso previo. Arto. 54. Se reconoce el derecho de concentración, manifestación y movilización pública de conformidad con la ley”.
Pero además, es un derecho humano fundamental que se encuentra garantizado por tratados internacionales, ante todo por la Declaración Universal de Derechos Humanos que en su artículo 20 consigna que: “1. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacífica. 2. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación”. Y por la Convención Americana de Derechos Humanos, o Pacto de San José, que en su Artículo 15 establece el derecho de reunión y de movilización pública en forma pacífica y sin armas.
Sin embargo, la importancia de la manifestación del domingo pasado, haciendo a un lado el exclusivismo liberal de su convocatoria, es que ha sido la primera demostración pública opositora desde la gran marcha democrática y pluralista contra la reelección inconstitucional y fraudulenta de Daniel Ortega, realizada el 3 de diciembre de 2011. Desde entonces el movimiento opositor entró en una etapa de reflujo y por eso era importante medir la capacidad real de movilización de un movimiento alternativo a los “grandes” partidos liberales PLI y PLC , como es la Unidad con Dignidad. Lamentablemente el boicot policial no lo permitió.
Sin embargo, hay que decir con franqueza que la modesta concurrencia a la marcha del domingo pasado fue más por la pasividad de la población opositora de Managua que por el boicot represivo de la Policía. Si la gente opositora de la capital hubiera querido apoyar la marcha, la fuerza policial no lo hubiera podido impedir.
En todo caso, la marcha del domingo fue exitosa porque de nuevo sacó a la oposición a las calles, en una etapa de lucha que es de acumulación y reorganización de fuerzas políticas y de recuperación de la conciencia democrática.
Lo cual se logra no solo con declaraciones de unidad y con una cómoda rutina de oposición parlamentaria, sino también y ante todo con acciones que motiven la recuperación de la ilusión democrática, en una población que en el fondo sigue siendo opositora.
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