Adolfo Acevedo Vogl (*)
La construcción de las obras de un Canal Interoceánico —la cual, como todo proceso de construcción tendría una duración limitada en el tiempo— daría como resultado un fuerte auge temporal de la actividad económica. Si además la fase de construcción se acompaña de los efectos de la conocida “enfermedad holandesa” —la cual tendría una escala verdaderamente masiva debido a la magnitud de las entradas de capital involucradas en relación con el tamaño de la economía—, esto implicaría que las actividades transables sencillamente dejarían de ser competitivas.
En particular, las importaciones se expandirían con una enorme fuerza, en primer lugar debido al enorme componente importado del proyecto del Canal, y en segundo lugar porque la masiva revaluación del tipo de cambio real aumentaría de manera considerable la propensión al consumo de bienes importados, que ya es muy alta, de manera que gran parte de los efectos multiplicadores escaparían al exterior por la vía del aumento de las importaciones. Las exportaciones estarían muy lejos de crecer en la misma proporción que las importaciones, sobre todo teniendo en cuenta los efectos de la masiva sobrevaloración del tipo de cambio real.
El resultado sería una enorme ampliación de la brecha externa de la economía, muy superior a la que explicaría por sí mismo el elevado componente importado de la construcción del Canal. Si no se consigue atraer el capital externo adicional necesario para financiar esta brecha, en ausencia de controles de capital, se produciría una aguda crisis de balanza de pagos. Si para evitar dicha crisis se introdujesen controles de capital, entonces se produciría una crisis inflacionaria.
Si el auge económico temporal originado por la construcción del Canal atrae el capital necesario para cubrir esa brecha, se produciría una revaluación del tipo de cambio real aún más masiva, que aumentaría de manera enorme la ya altísima propensión a importar y tornaría absolutamente no rentables las actividades potencialmente transables de la economía (exportables o sustitutivas de importaciones).
Ello equivaldría a “echar sal” para que por mucho tiempo no pudiesen florecer las actividades transables —debido al efecto histéresis de una sobrevaloración más o menos prolongada—: y en Nicaragua las actividades típicamente transables son la actividad agropecuaria, agroindustrial e industrial.
La importante demanda transitoria de mano de obra que representarían las obras de construcción del Canal elevaría, durante el periodo que dure la construcción de las obras, el costo de la fuerza de trabajo para la economía en su conjunto. Además, debido a la masiva revaluación del tipo de cambio, el costo de la fuerza de trabajo medido en dólares aparecería también artificialmente revaluado.
Esto haría desaparecer la principal fuente de competitividad de las actividades en que la misma depende del bajo costo de este factor —como las empresas maquiladoras de zonas francas—. Pero también afectaría la rentabilidad de las restantes actividades productivas, que de por sí estaría siendo afectadas por la revaluación masiva del tipo de cambio real.
Finalmente, al acabar la fase de construcción, el enorme influjo de capital cesara súbitamente, y la economía podría caer en una severa depresión, con decenas de miles de trabajadores, que trabajaron en dicha construcción, desocupados. Como advertía la Cepal en un estudio realizado para el gobierno de Panamá para evaluar las consecuencias económicas que se derivarían de la construcción de un nuevo Canal a nivel del mar, al finalizar la construcción:
“Los problemas de la caída del ingreso y del empleo alcanzarían proporciones mayores al terminar las obras, en circunstancias en que los salarios y la concentración de la población en las zonas urbanas habrían alcanzado niveles exagerados en relación con el estado de desarrollo y la dotación relativa de recursos del país El ingreso nacional bajaría bruscamente en una proporción que se estima entre el 17 y el 20 por ciento según la localización del proyecto. A su vez, el desempleo abierto calculado se elevaría de golpe a niveles superiores al veinte por ciento de la población activa”, Cepal (1966): “La economía de Panamá y la construcción de un Canal Interoceánico a nivel del mar”.
Al terminar la fase de construcción, debido a su carácter altamente intensivo en capital, el Canal no demandaría mucha fuerza de trabajo para su operación. Es así que, por ejemplo, la operación del Canal de Panamá apenas genera alrededor de 9,000 empleos, alrededor del 0.5 por ciento del empleo total de ese país.
Esto significa que al terminar el auge económico temporal, con la culminación de las obras de construcción, se produciría una depresión económica, con las actividades productivas transables debilitadas o desarticuladas, y no habría absolutamente ninguna actividad económica capaz de reemplazar el cese del desmesurado influjo de capital involucrado en la fase de construcción.
El Canal quedará reducido entonces a un poderoso enclave privado relativamente autosuficiente —capaz de abastecer al propio personal que labore en él, a través de sus propias tiendas, como ocurría en el caso de la zona del Canal de Panamá—, separado para todo propósito del resto del país, sin muchos encadenamientos con el resto de la economía, que coexistiría con una economía nacional de baja productividad e inundada por el subempleo
(*) Economista
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