Judith Flores/Miami
La labor humanitaria que realiza la activista proinmigrante de origen nicaragüense, Nora Sándigo, con los “huérfanos de la inmigración”, fue destacada por el diario Washington Post, en un amplio reportaje.
Los “huérfanos de la inmigración” son los niños estadounidenses hijos de padres indocumentados que han sido deportados o están en situación de riesgo.
Sándigo, originaria de Comalapa, Chontales, es la directora ejecutiva de la Fraternidad Americana, una organización con más de 25 años al servicio de la comunidad. Ella es la guardiana legal de 817 niños, hijos de inmigrantes que han sido deportados o cuyos padres permanecen en Estados Unidos, sin estatus legal.
CUANDO LOS PADRES SE VAN
El reportaje describe como los archivos de la pequeña oficina de Sándigo están llenos de actas de nacimiento, fotos de bebés, tarjetas de seguro social, pasaportes y formularios notariales para 817 niños que viven en 14 estados, en edades comprendidas entre los 9 meses y 17 años de edad.
La tutela consiste, entre otras cosas, en darles alojamiento y asistencia si uno o ambos padres son deportados; participar en las decisiones relativas a la educación del niño, conceder el permiso y consentimiento para que el niño participe en cualquier actividad y tomar decisiones de atención de salud.
Sándigo decidió dedicarse con mayor énfasis al tema de los menores porque a su juicio es el sector más vulnerable del fantasma de la deportación, muchas veces los padres no logran llegar a casa cuando son capturados por autoridades de Inmigración y los niños quedan en total desamparo y pasan a manos del Gobierno.
817
niños asiste Nora Sándigo, de esos tiene la tutela física de los hermanos Cecia y Ronald Soza, cuyos padres Maricela y Ronald Soza, fueron deportados a Nicaragua.
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