Los Tiburones Movistar asfixian a sus rivales imponiendo su ritmo de juego. Algunas veces lo hacen desde el inicio del partido y el efecto es inmediato, en otras carburan en el segundo cuarto, como anoche que vencieron 91-78 a los Tigres de la UdeM, en el XVII Torneo de la Asociación de Clubes de Baloncesto (ACB).
En los Tigres hay dependencia en los jugadores extranjeros, específicamente del norteamericano Diron Antowine (expulsado) y el hondureño Maycol Martínez (lesión). Sin ellos el quinteto se ve sin alma ni espíritu competitivo. Entre los nacionales no hay líder natural. A veces esa función la asume Serbio Abea (17 puntos) o Richard Howkins (13), pero anoche ninguno fue determinante.
Una victoria de los locales agudizaría la crisis de los capitalinos que suman tres derrotas al hilo. De salir de la mala racha, igualarían en puntos con los Tiburones (15) en el segundo puesto.
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El buen juego de los Tigres fue solo en el primer cuando lo ganaron 10-2. Después se vinieron abajo en la medida que los Tiburones le imprimieron velocidad al partido y se volvieron indetectables. Las canastas desfilaron y lograron una diferencia de 20 puntos (70-50) comenzando el último cuarto.
La emoción del partido se recuperó cuando los escualos le dieron tres minutos a Crisanto Carranza. El público aplaudió con júbilo cada vez que tocaba el balón porque siempre está en la banca, a diferencia del dominicano Amaury Ripoll (23) que lideró el equipo.
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