Danilo Arbilla
Los gobiernos autoritarios del momento, y en especial su versión continental neoprogresista y populista, han tomado al pie de la letra el modelo que George Orwell definió en su libro “1984”: un régimen totalitario siempre en guerra con un enemigo externo, con simultánea y paralela represión interna ante la amenaza de conspiraciones varias. (Ver, Hugo Chávez, Rafael Correa, Nicolás Maduro, Evo Morales, Daniel Ortega y los fracasados Zelaya y Lugo, más los Kirchner, Néstor y Cristina).
Y parecería que en este vigente “2014” el “modelito” le encanta en demasía, salvo que sea su último manotón de ahogado, a la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner (CFK). A su guerra diaria con el “Grupo Clarín”, que aparentemente es causante o cocausante de todos los males argentinos, suma el siempre vigente reclamo contra los “colonizadores” británicos por las Malvinas, a lo que ha añadido la resurrección del conflicto con su pequeño vecino Uruguay, por el tema de las “pasteras” (procesadoras de celulosa) y la contaminación del ambiente.
Por si le faltara algo para distraer a los argentinos está el Mundial de Futbol (tanto Cristina como Dilma, están jugadas a los pies de Messi y Neymar, respectivamente, y saben que si estos fallan sus suertes futuras son imprevisibles).
Pero CFK, según algunos analistas, agregaría un “golpe de suerte” extra a raíz del dictamen del juez Thomas Griesa, del distrito de NY, que obliga a la Argentina a pagar a los tenedores de bonos que se negaron a la reestructuración de la deuda, los llamados “holdouts” o “fondos buitres”, según quien los califique, una suma de US$1,330 millones. Esto transforma a CFK en la “víctima perfecta”: una especie de Juana de Arco que lucha contra un “juez gringo”, Wall Street y el poder financiero, los tentáculos de la banca, los especuladores voraces, el imperialismo yanqui, el capitalismo salvaje y el neoliberalismo sin lágrimas. Ella solita, contra todos.
Puede que le dé resultado, aunque los argentinos, a los que sin duda les duele su bandera, están un poco desconfiados frente a este tipo de “patriadas”, sobre todo después de la guerra de Las Malvinas a los que los convocó el dictador y borracho, general Leopoldo Galtieri.
El dictamen de Griesa es bastante discutible por cuanto conspira con ciertos presupuestos y fórmulas de coexistencia para situaciones económico-financieras extremas de empresas o países, pero el hecho es que tras varias apelaciones, hasta en la Corte Suprema, es válido y fija el 30 de junio como fecha para que Argentina pague a los holdouts. En esa misma fecha debería hacer otro pago —US$990 millones— a los que sí reestructuraron la deuda, con el riesgo de que esos fondos les sean embargados antes de llegar a sus destinatarios. Son pocas las salidas: el default o negociar con los “buitres” y con otro riesgo: que todo lo que se les “ceda” a estos genere demandas de aquellos que reestructuraron pero con frase de “derecho a futuras ofertas”.
En realidad, la de CFK es una suerte algo complicada. Y no solo por todo ese enredo de pagos, acreedores diversos y vencimientos. El juez Griesa, además de calificar de no confiable a la presidenta CFK, fue enfático al señalar que Argentina en los últimos doce años se ha reído de las sentencias judiciales, por lo que, afirmó: “No quiero que se vuelva a reír de una sentencia judicial”.
Quizás esta especie de “mojada de oreja” haya incidido en la decisión de Griesa, la que, discutible o no, no deja de ser una buena lección para CFK. Esta en su país está acostumbrada a reírse a gusto y gana de la justicia: no cumple con sus dictámenes —caso de la publicidad oficial con la que premia o castiga a la prensa y periodistas— y ataca y hostiliza a jueces y fiscales independientes —directamente o a través de sus grupos de choque, testaferros y voceros—, cuando investigan a los enriquecidos empresarios “amigos” de su fallecido marido y de la familia Kirchner o a su propio vicepresidente Amado Boudou, denunciado por corrupción, quien adopta pose de Messi cuando va a declarar a los tribunales donde es investigado. Notoriamente Boudou se sabe amparado por CFK y todo su aparato el que, sin dudas, en Buenos Aires es muy efectivo, aunque parece que no tanto en Nueva York.
El autor es periodista uruguayo, fue presidente de la Sociedad Interamericana.