Esta monja cuya coloratura la hizo “la voz de Italia” no obstante la tendencia mezclada de su repertorio revive la versión de La Novicia Rebelde. Insinúa en algunos aspectos a la comedia musical que data tiempos hace con la famosa “Rosamunda” de Schubert.
Sugiere la frescura del género con auge en los años sesenta-setenta principalmente con West Side Store, de Leonard Bernstein.
Su estilo trae al presente con matices escondidos del pasado a obras eufórico religiosas como la de Santa Ángela, fundadora de la orden de las Ursulinas.
Ella se llama Cristina Scuccia y está en la plenitud de su juventud —apenas 25 años— identificados con la rigurosidad del hábito y el velo gris.
Cuando la oímos cantar luego de la declaración oficial de ser la voz de un país que como Italia es cuna del bello canto, expuesta la tendencia de recurrir a los matices de la modernidad, y habiendo escalado posiciones en el género, la sor sorprendió por sus inclinaciones de rebeldía y la sujeción al espectáculo frío y frívolo. No prescinde de la semejanza con aquella novicia en la cual como la suya, la juventud de una muchacha danza y canta dejando un recuerdo puro de lo que ha dejado huellas.
Llama la atención que la triunfante con el título “la voz de Italia” es una monja impoluta, de tradición aunque con inclinaciones liberales con el arte al cual se debe en combinación con los conceptos de rebeldía en cuanto a bajarse a la calle de los niños pobres y cantarles desde el ámbito donde se encuentran con una festiva elocuencia que la asocia con el papa Francisco que le sirve de inspiración.
La soprano tiene emisión clara y limpia, lista para compartir sus virtudes con las orquestas de densidad.
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