Julián Corrales Munguía

Mariano Fiallos Oyanguren

El doctor Mariano Fiallos Oyanguren, con quien me une una larga, estrecha y sólida relación en los campos de la amistad, el trabajo laboral en el sector académico-administrativo de la educación superior y el de la política no partidaria, sino como actividad social para ejercicio del bien común como servicio en los distintos campos en los que nos correspondió actuar, se presenta en mi memoria mediante la evocación de tres singulares árboles muy conocidos entre nosotros, inmersos en el boscaje nicaragüense.

Mariano Fiallos Oyanguren es alta y robusta ceiba enraizada en las feraces tierras del occidente de su amada Nicaragua. Puede ser vista desde lejana distancia, porque sobresale por su altura, autonomía, solidaridad e independencia. Se distingue por su personalidad integrada, íntegra e integradora y mirada hacia lo lejos, porque dispone de suficiente altitud y sobrada visión. Sus ramas gruesas y frondosas han abrigado con el calor del cariño y responsabilidad a sus familiares, amigos, estudiantes y compañeros y compañeras de trabajo. La semilla de sus frutos, pelusa, gatillo, miraguano, o como se le quiera llamar se esparce en Nicaragua en todos y cada uno de nosotros. Florece sin molestar-molestando, que es como decir de cuándo en cuándo o de vez en cuando, como solemos los nicaragüenses expresar. Rápido, justiciero, jodedor, solemne y bromista con sus allegados, pero siempre respetuoso en todo y con todos, calidad innata e inherente a su persona. La ceiba siempre crece y sigue creciendo hacia lo alto. Mariano nunca dejará de crecer. En sus lecciones, en sus actitudes, en su probada e indiscutible honradez, en su diafanidad, en su firmeza, seguirá elevándose frente a sus conciudadanos para toda la eternidad.

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Son pocas las personas como el doctor Mariano Fiallos Oyanguren que han puesto mucho empeño por la paz verdadera de Nicaragua. Sigamos luchando todos con patriotismo para enriquecer, agigantar y perennizar la brillante lección humana y ética por excelencia, de este gran maestro para que brille hermosa la paz en nuestro suelo y nuestro cielo.

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El doctor Fiallos Oyanguren es un roble. Como la ceiba, de gran tamaño, ancha, empinada y protectora copa. Es común referirse al roble como símbolo de resistencia y fortaleza. Ambos valores acompañan su ejemplar actuación. Si hubiera dudas, pregunten por ahí. Por lo anterior, nadie podrá dudar de que Mariano Fiallos Oyanguren no haya llevado consigo en lo espiritual y en su conducta y acciones el mantenimiento de principios y comportamientos como los que voy a mencionar y para los cuales los invito a que valoren conmigo para determinar si encuentran alguna contradicción con quien esto escribe. Estos serían algunos: espíritu de servicio, pues se entregó por entero a la labor que le confiaran, sin que mediaran intereses personales, bregando siempre por el bienestar de todos sus conciudadanos y recibiendo estrictamente el beneficio económico que le ha correspondido, sin prebenda alguna; comprensión y apertura: en su desempeño como docente y rector, jamás estuvo cerrado al diálogo y a llegar a acuerdos fruto del consenso cuando las circunstancias lo exigían, lo mismo cabe agregar en su desempeño delicado como presidente del Consejo Supremo Electoral. Por eso su memoria o recuerdo electoral ha quedado esculpido, y lo digo con insistencia, en la historia nacional. De Mariano Fiallos Oyanguren para acá, el sonar que entonan nuestros mañaneros gallos se escucha como otro cantar y Nicaragua marcha por rumbos poco deseados. La patria nos propone un reto: asumir, como bien lo expresaran nuestros obispos, el reto de encontrar a las personas capaces de emular al doctor Mariano Fiallos Oyanguren, por su conducta intachable, de modo que manejen la concepción, política y ejecución de los procesos electorales que se lleven a cabo, como él lograra hacerlo. No olvidemos que Fiallos Oyanguren, roble de corteza única, fuerte y delicada, indoblegable en su moral sensible y resistente, es la fragua en que se tallan, como otros insignes rectores lo han confirmado según la tradición, se tallan decía, las conciencias universitarias.

Y para concluir, tres árboles, expresaba que me evocan al doctor Mariano Fiallos Oyanguren, árboles que se funden, confunden y fusionan en uno solo: me faltaba el cedro. Noble cedro en todas sus especies y lugares, pero cedro al fin y al inicio, siempre cedro. Cedro real o colorado, muy conocido entre nosotros, cedro del Líbano, bíblico cedro, cedro sibilino, augusto cedro de la variedad leonesa, cedro de Nicaragua. Cedro de la institucionalidad y de la paz. Cedro de tronco firme, vertical y cilíndrico, celeste cedro de preciosa madera, destinado por su propia naturaleza al sustento de las obras magníficas, como magnífico fue su padre el rector con mayúscula, doctor Mariano Fiallos Gil. Magnífico es Mariano Fiallos Oyanguren, magnífica ha sido su obra, magnífico su legado. Magnífica ceiba, roble magnífico, magnífico cedro, en suma, magnífico hombre, porque es hombre de bien. En la esfera de su hombría espiritual jamás se produjo el vacío.

Pocas personas han puesto tanto empeño por la paz verdadera de Nicaragua con el fomento de su institucionalidad. Sigamos luchando todos con patriotismo para enriquecer, agigantar y perennizar la brillante lección humana y ética por excelencia, del gran maestro Mariano Fiallos Oyanguren para que brille hermosa la paz en nuestro suelo y nuestro cielo y rendir así el homenaje que se merece, a tan distinguido ciudadano. El autor es profesor, licenciado en español.

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