Hoy comienza la Copa Mundial de Futbol 2014, en la ciudad de Sao Paolo, Brasil, que en las últimas semanas y días ha sido escenario de grandes protestas sociales, igual que muchas otras ciudades brasileñas.
El futbol es sin duda el deporte más popular del mundo y, por ende, la Copa Mundial es la mayor fiesta deportiva internacional. 270 millones de personas practicaban ese deporte ya en el año 2006, según datos de la Federación Internacional de Asociaciones de Futbol (FIFA por su sigla en inglés). La Copa es también el espectáculo deportivo con la mayor cantidad de espectadores en el mundo, directamente en los estadios y sobre todo mediante la TV, cuya audiencia es el doble de quienes ven los juegos olímpicos, según datos de la misma FIFA.
Haciendo honor a la preeminencia mundial del futbol — que también lo es en Nicaragua, aunque aquí no se juegue en el nivel competitivo que podría permitir la participación del equipo nacional en la Copa Mundial—, LA PRENSA comenzó a publicar desde ayer, y lo hará por los próximos 31 días, una sección especial de información y comentarios futbolísticos titulada Futbol Total, Brasil 2014 , la cual por su excelente calidad satisface a los más exigentes lectores de la crónica deportiva.
A pesar de las intensas e incesantes protestas sociales que han estado ocurriendo en las semanas y días previos a la Copa Mundial, en Brasil y en el mundo hay confianza en que el gran evento deportivo será exitoso. Confiamos en que así sea. En realidad, a pesar de que en Brasil la afición al futbol ha venido disminuyendo en los últimos tiempos, según lo demuestra la asistencia a los estadios, no deja de ser sorprendente que más de la mitad de la población cuestione la realización de esta Copa Mundial. Según una encuesta del Pew Research Center, realizada entre ciudadanos brasileños, el 61 por ciento expresó que la celebración de esta Copa es negativa para su país y apenas el 34 por ciento cree lo que dice el Gobierno, que contribuirá a mejorar la situación económica de Brasil.
Pero lo que más repudian tantos brasileños no es el futbol mismo, sino la desmesurada corrupción generada por los preparativos del evento, que han costado más de diez mil millones de dólares mientras existen y aumentan graves y grandes penurias sociales. Para citar un solo ejemplo, el Gobierno invirtió cuantiosas sumas de dinero en la construcción de cuatro estadios más que los requeridos por la FIFA, lo cual ha favorecido en particular a grandes empresas constructoras que son donantes de las campañas políticas. Este ha sido el caso de la construcción del estadio en la ciudad de Brasilia —que después de la Copa no tendrá utilidad porque allí no hay equipo de futbol—, cuyo costo de unos 900 millones de dólares es el triple de lo que se presupuestó originalmente. Y como una sospechosa coincidencia, la principal empresa que participó en la construcción de este innecesario estadio, aumentó más de 500 veces sus donaciones políticas en las más recientes elecciones.
Las muestras de cinismo oficial ante las denuncias de corrupción aumentaron la indignación de los brasileños. “Si se robó, lo que había que robar ya está robado”, dijo la directora del comité organizador brasileño de la Copa. No por nada la Conferencia Episcopal de Brasil se ha solidarizado con las protestas públicas de los ciudadanos contra la corrupción y las injusticias sociales, las cuales se han incrementado de manera desmedida con motivo de la celebración de la Copa Mundial de Futbol.
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