Democracia, poder y derecho
El objetivo fundamental de un estado democrático es moral, que significa contribuir con los valores de la civilización humana mediante la actividad política. Los buenos gobiernos hacen a la sociedad más humanizada, pero los malos solo sirven para embrutecerla y degradarla.
De la coordinación armónica mutua entre poderes surge la estabilidad política, que conlleva a la eficiencia del sistema y a su vez permite respeto a la libertad, desarrollo de los individuos, protección legal a la vida, bienes materiales, expresión sin censura y tolerancia recíproca. Esto es evolución democrática para vivir, trabajar y ser felices con un mínimo común de dignidad. Las leyes no deben encerrarse en cautiverio arbitrario del régimen de turno.
En una democracia el poder supremo del pueblo está por encima de poderosos, llámense privilegiados u oligarquías quienes siempre tienen pretensiones de superioridad y dominio, igualmente un estado policíaco que practica la política del temor, con un país dividido, sin esperanza; llega a reinar la exclusión, la marginación y por ende la desintegración de la sociedad sucede por agotamiento psicológico, como es el caso del encarecimiento de la vida por el elevado costo de bienes y servicios públicos para enriquecer a unos pocos encumbrados.
La democracia de poder basado en derecho, garantizando el beneficio colectivo no dando lugar al monopolio o al oligopolio que denigran y esclavizan por una opción única, sacrificando la calidad y alienando a la gente, auspiciando la pobreza, el atraso y el descontento. Las oportunidades deben ser iguales para todos con derecho a crecer y no prevalecer a cualquier precio. Los derechos no se restituyen como un regalo generoso, es un deber del Estado protegerlos, preservarlos y cumplirlos. Si una revolución socialista o marxista triunfa no es solo por su maldad sino por el fracaso de la clase acomodada para lograr la justicia social empecinada solo en acaparamiento de fortuna.
Por estar cansados de la guerra y el derramamiento de sangre dejamos pasar todos los abusos y arbitrariedades que hacen una sociedad injusta, desigual y aprovechando este escenario echa raíces el totalitarismo y la represión. Nos han encerrado en jaulas de oro engendrando odios. Obligan al asalariado trabajar duro para recibir una escasa subsistencia aumentando las fatigas de la vida y el desplome de la gente es inevitable. Los poderíos que todo lo abarcan regulan la vida ajena y atentan contra la empresa individual ahogando la libertad económica. La riqueza debe estar al alcance del ciudadano común que sueña en grande y trabaja.
El poderío se vale de la desigualdad de fuerzas para sitiar y cercar a los opositores como un régimen basado en la fuerza que es dictadura. Su ideología tiende a convertir al dictador en la única voz autorizada del pueblo, en superhombre extraordinario, un profeta providencial y en un dios con brazo y expresión absoluta con culto a su imagen.
Solo Dios reconstruirá lo derrumbado y es un paso del desaliento al optimismo, de la desesperación a la satisfacción, de la vulnerabilidad a la vitalidad, de apatía a la acción, de la debilidad a la determinación para vivir en paz. Dios siempre nos ampara y bendice.
Marlon José Navarrete Espinoza
Ecos del Mundial 2010
La jornada de trabajo se interrumpió, el anuncio se había hecho a primera hora, todo el país estará en estado de sitio durante los noventa minutos y más si es necesario. En el lobby de hotel, quince minutos antes de iniciar el partido, comienzan a llegar los ejecutivos de los diferentes ministerios y oficinas gubernamentales en los alrededores del Hotel Noam Plaza, en Brasilia, Brasil.
Todos los visitantes no parecen llegar a ver un partido de futbol televisado, sino a una reunión de negocios. Los caballeros lucen sus ostentosos trajes formales y las damas que entran en grupo, luciendo su ropa de invierno, con largas cabelleras y de diferentes tonalidades; muchas de ellas de piel trigueña, en realidad un desfile de moda. Antes de iniciar el partido todos los reunidos en el lobby del hotel enviaban y recibían correos en sus blackberry. Son las 11:00 de la mañana y el mesero pone los altavoces del televisor, todo mundo guarda silencio, y por arte de magia, salen las camisetas “verdeamarelas”, las “vuvuzelas” y todo aquello que se rebasaba de formalidad, se convirtió en un carnaval, cada jugada por insignificante que fuera era seguida con la misma pasión con la que se cantó el primer gol de alta costura de “Robinho”, ante un desesperado arquero holandés Maarten Stekelenburg.
Todo era fiesta en los primeros 45 minutos de ese hermoso partido entre Brasil y Holanda, todos ahí reunidos con la aspiración de pasar los cuartos de final, y con un gol a favor de Brasil, y estando en Brasilia, era algo fenomenal, sin embargo, en el fondo, mi equipo favorito es Argentina, mi alegría era más por una final latinoamericana, hubiese sido genial, por lo menos hasta esos momentos, pero como lo bello de este deporte es que hasta que se acaba se acaba, no hay favoritos, sino luchadores hasta el último momento, Holanda, la tradicional “Naranja Mecánica”, como balde de agua fría, fue aniquilada por un error del arquero Julio César, el más seguro del mundo y luego por la falta de experiencia de un equipo, que fue muy criticado, y que la factura llegó para el técnico Dunga… así de sencillo, Brasil es eliminado por el que iba a ser el subcampeón de esta Copa del Mundo.
¿Qué pasó después del silbatazo final? había mucho optimismo por hacerse de la sexta Copa del Mundo, pero fue un golpe muy fuerte, cuando terminó el partido los propios y extraños se levantaron, sin decir palabra se retiraron al almuerzo, los comentaristas hablaban por inercia y el mesero no dejó que pasaran más repeticiones, apagando sin la debida educación el televisor. Después de pasado el trance, todo recayó en Dunga, y el nuevo rostro apuntaba a “Brasil 2014”, no hubo y no habrá más comentario que este.
En silencio se esperó el siguiente partido entre Argentina y Alemania, con la eliminación inobjetable de Argentina, con esto se cerró la participación de los archienemigos sudamericanos, no quedando mayor consuelo que esperar el Mundial que inicia mañana jueves 12 de junio en territorio brasileño.
Jorge Ulises González Briones. Abogado
Represión chavista
Cuando escucho hablar en los medios de comunicación al presidente venezolano, Nicolás Maduro, se me viene a mi mente los recuerdos de aquellos largos discursos que daba Daniel Ortega en los años ochenta, quien mantuvo al pueblo nica en total nerviosismo porque a diario decía que ya venía la invasión norteamericana a Nicaragua, invasión que nunca llegó porque solo estaba en la mente de los dirigentes sandinistas para distraer al pueblo de los verdaderos problemas sociales, económicos y políticos que vivía y actualmente vive nuestro sufrido país. En aquellos días el pueblo se moría de hambre, de enfermedades, porque no había nada, no así a los dirigentes sandinistas que lo tenían todo.
La situación de Venezuela, en donde el presidente Maduro a diario denuncia complot y golpes de Estado en contra de su mal gobierno, para mantener en total nerviosismo a su pueblo, es muy parecida a la Nicaragua de los años ochenta, pero mientras al pueblo venezolano le hace falta todo, —hasta un papel higiénico— a los dirigentes chavistas los vemos dando grandes discursos bien vestidos y con muchos lujos, contrario a los venezolanos que vemos protestando a diario en las calles de manera justa una Venezuela mejor y que son reprimidos por las fuerzas de represión chavistas.
Máximo M. Castillo
Aclaración sobre nombre de centro de salud
La periodista de LA PRENSA, Lucía Vargas, escribió el lunes 9 de junio en la sección Departamentales que el Centro de Salud Pedro Joaquín Chamorro había sido reparado. Pero ella se confundió con el nombre del Centro de Salud, que es Pedro José Chamorro Argüello, hijo de Pedro José “Peche” Chamorro Poessy y Gioconda Argüello y además sobrino de Pedro Joaquín, mi tío también. Él murió en combate el 8 de febrero de 1979 en el Frente Sur Benjamín Zeledón. Es uno de los tantos héroes olvidados de la traicionada revolución.
Víctor J. Chamorro Argüello
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