Nadie organiza una fiesta y luego se resigna a ver gozar a los demás. Al menos ese no es el plan de Brasil, quien quiere estar en el baile y desea quedarse con el premio al mejor.
Brasil invitó a sus rivales a su casa, para lucirse frente a su público, y quizá se quite de encima un poco del lastre que ha acarreado desde 1950, cuando el “maracanazo”.
Impulsado por una intimidante multitud (199,854 fanáticos) y con un equipo imparable, Uruguay pareció camino a una ejecución pública pero se salió con la suya.
La victoria uruguaya 2-1 ha sido la peor vergüenza del futbol brasileño, cuyo estilo y resultados lo volvieron referencia mundial, distinción que desea revalidar ahora.
EN LA CIMA DEL MUNDO
Ni cinco títulos mundiales (1958, 1962, 1970, 1994 y 2002) que lo colocan en la cima han borrado la mancha de sopa en el mantel, pero el momento ha llegado ahora.
Coexistiendo con protestas y el apoyo de otra parte de la población, Brasil se alista para ofrecer el mejor de los mundiales, mientras levanta expectativas sobre su tropa.
Y aunque ya no dispone de aquellos jugadores que combinan gran derroche físico con manejo acrobático del balón, sí cuenta con un equipo listo para batallar.
Por antecedentes históricos, por producción de talento o por lo que sea, Brasil es el favorito natural frente a cada Mundial, y ahora, siendo sede, no es la excepción.
NEYMAR, SU FIGURA
Conducido por Scolari, el hombre del último campeonato en 2002, Brasil espera orbitar en torno a Neymar, su principal figura, dentro de un equipo equilibrado.
Su éxito en la Copa Confederaciones disipó algunas dudas y alentó esperanzas en un plantel que sabe que tiene la obligación de ganar el título frente a su público.
Sin embargo, no será fácil la misión para los locales. El actual campeón, España, no hace mucho ruido, pero en su interior sabe que dispone del material para repetir.
Al menos para mí, la final soñada sería Brasil contra España, sin que ello significa subestimar en lo mínimo a Alemania y Argentina, otras dos tropas muy solventes.
Ojalá sea este el Mundial en el que veamos crecer aún más a Lionel Messi, el genio argentino, asediado cada día más por Cristiano Ronaldo, el exuberante jugador luso.
Pero sobre todo, que sea un Mundial para disfrutar.
Ver en la versión impresa las páginas: 2 D