En la semana que está terminando, en el escenario internacional ocurrieron hechos y se celebraron efemérides de gran importancia y trascendencia, que por eso mismo ocuparon las primeras planas de los medios de comunicación en todo el mundo.
Cabe mencionar, entre los eventos más importantes de esta semana: la abdicación del rey Juan Carlos de España; la reunión del G7 que agrupa a los países de mayor peso político en el mundo y de la cual se excluyó a Rusia, por su anexión de Crimea y la agresión contra Ucrania para tratar de arrebatarle sus provincias orientales; la conmemoración del setenta aniversario del desembarco de los aliados en Normandía, Francia, que significó el principio de la derrota militar de la Alemania nazi en la II Guerra Mundial; el 25 aniversario de la victoria electoral del movimiento sindical anticomunista Solidaridad, de Polonia, con la cual comenzó el desmantelamiento institucional del comunismo en aquel país de Europa Oriental (y prácticamente de todos los países comunistas europeos que giraban en la órbita soviética); y el más emotivo: el 25 aniversario de la matanza en la plaza Tiananmen, de Pekín, cuando centenares y quizás miles de estudiantes, obreros e intelectuales chinos fueron asesinados masivamente porque reclamaban libertad y democracia.
En China, debido a la implacable represión del régimen comunista el 25 aniversario de Tiananmen solo se ha podido conmemorar de manera clandestina, en la intimidad de los hogares de los familiares y amigos de los mártires, que no los olvidan y los recordarán hasta el fin de sus vidas. Además, el control totalitario comunista de las mentes individuales y de la conciencia social del pueblo, no ha permitido que las nuevas generaciones de China conozcan lo que ocurrió en Tiananmen hace 25 años, que fue uno de los episodios más dramáticos en la lucha del pueblo chino por la libertad en toda su historia milenaria. Únicamente en Hong Kong y Macao (que ahora pertenecen al territorio de la República comunista de China pero por un estatus especial conservan todavía libertades básicas como la de prensa y de movilización), y en la República China de Taiwán donde existe la democracia, la gente pudo repudiar libremente aquella terrible matanza comunista y reiterar la demanda de libertad y respeto a los derechos humanos en China.
LA PRENSA, en su edición del martes 6 de junio de 1989 expresó su solidaridad con el pueblo chino por medio de un “comentario de la redacción”, en el cual se dijo que “lo de la Plaza Tiananmen fue un repetición magnificada del 22 de enero en Managua. Quienes dieron la orden fatídica pagaron sus delitos. Así lo pagarán en China y en cualquier otra latitud donde tal crimen se cometa”.
25 años después de Tiananmen, en China se mantiene el feroz régimen político comunista, aunque económicamente el país ha sido convertido en una potencia del capitalismo salvaje, a donde llegan empresarios y gobernantes de muchos países democráticos del mundo para rendir pleitesía a los líderes chinos y estrechar sus manos ensangrentadas. La justicia no ha llegado aún a China y no se puede saber cuánto tiempo más tardará en llegar. Pero es seguro que llegará. El genocida régimen comunista chino tendrá que pagar, como lo aseguró LA PRENSA hace 25 años, y lo reiteramos ahora con la fe y la confianza en que la justicia tarda en llegar, pero siempre llega.
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