Joaquín Absalón pastora

Managua en el tiempo

Poco tiempo después del terremoto de 1972, el mismo que todavía repercute en la actualidad citadina, un poeta dejaba caer sus lágrimas sobre los pedazos de la ciudad desflorada. Le clavó a su tumba el epitafio: “Aquí fue Managua”. Reconstruida lleva el mismo nombre pero en los entusiasmos de la fantasía. Los hechos muestran una realidad distinta. Los cuchillos la hirieron, decapitaron su estructura original.

La nueva versión —la reconstructiva— crece sin ninguna previsión urbana, sin vías peatonales (algunas dispersas), “sin corazón en el pecho”, sin aceras por donde hospedar a la silla vespertina que tanto unía a las familias en los escapes del ocio con amor. Managua no tiene “aliento de novia”. Tiene puesta en la cabeza la corona de la basura. La naturaleza la dotó de belleza, pero la suma de los factores negativos —la negligencia de su población y un lento sistema de recolección—, la han convertido en una ciudad donde la mugre anda suelta. Cuando la echamos a la calle, los cauces o cualquier otro lugar inapropiado, sembramos “un grano de arena” criminal. Un factor trascendente en el desarrollo de la colectividad es el grado de conciencia de cada individuo. Hemos perdido la nobleza contributiva.

Ya no se respeta a los monumentos, los parques. Las referencias emblemáticas se fugaron para no volver por decisión soberbia del poder. El ser, aún estimulado por la sobria esperanza de vivir en ambiente sano, pierde la memoria. También la ciudad la disipa. ¿Dónde está su identidad? Debería estar plasmada en los patrimonios culturales, en los sitios que tuvieron como sede las relevancias de su transcurrir histórico.

El día que manden a derribar el Coliseo de Roma donde se hizo estigma del dolor y teatro placentero de la ira, la ciudad eterna quedará desnuda, devaluada en el adjetivo que la califica como tal. Dejaría de ser el trofeo viviente de los siglos. En relación con la antigüedad diseñada por el ejemplo, la capital nicaragüense es una ciudad que está careciendo, no paulatinamente sino a toda velocidad, de los símbolos de su historia, de la añosa y de la reciente. Aunque la alusión ha hecho visita reiterada en las salas mediáticas, no debe justificar el olvido otorgante, el hecho de que se haya derribado la luz del Faro de la Paz que idealizaba la celebración de la fase culminante de la guerra en memoria de los acuerdos. Los artefactos mortíferos fueron enviados al fondo de la tierra con la esperanza de que no quepa en ellos la rehabilitación.

Congenio con la constructiva idea de restaurar, de enderezar a las torres mal inclinadas. La de Pizza produjo teorías. Restaurar lo que podría salvarse y no derribarlo como aquella bola de hierro que Anastasio Somoza Debayle puso a rodar sobre los edificios que mostraban la posibilidad de la reconstrucción.

Sin ningún ánimo comparativo en tiempos y famas, he puesto algunos ejemplos de los muchos que no pueden alcanzar en la brevedad de un artículo. Aún se puede corregir la ruta errada. No insistir en el pecado mortal de matar aduciendo pretextos superfluos que finalmente rectifican los efectos de la realidad como la que finalmente expuso la resistencia a ser destruida de una concha que solo tuvo de frágil el nombre que se le puso, hecha de piedra rebelde. El poeta sigue llorando sobre la capital. El autor es periodista.

COMENTARIOS

  1. JDCL
    Hace 12 años

    No es la primera vez que alguien escribe esa frase contra una ciudad. Walker en el siglo 18 tambien se le ocurrio algo. Pegarle fuego a Gra nada, y despues ponerle un rotulo:Aqui fue Granada. Cada quien tie ne sus sueños. 

  2. rigoberto
    Hace 12 años

    Que se puede esperar de un gobierno ignorante de la historia,a ortega lo que le intereza es tener en toda managua los rotulos con su cara indicando el poder que tiene ,el resto de los nicas borregos le permitimos destruir la historia,los nicaraguenses somos salados por nuestra poca educacion,no sabemos escoger nuestros gobernantes,ni siquiera conocemos las leyes que tiene la carta magna,por eso los dictadores se sientan por mucho tiempo.

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