SAO PAULO/ EFE/ AP
El verde y amarillo en el suelo de las calles, cintas canarinhas que cubren el cielo y la sonrisa de los vecinos iluminan a Brasilandia, una de las mayores favelas de Sao Paulo que se engalana para recibir el Mundial Brasil 2014.
Más del setenta por ciento de los casi setecientos clubes en Brasil juega unos tres meses al año, lo que quiere decir que casi 12,000 futbolistas profesionales o semiprofesionales no tienen trabajo la mayor parte del tiempo. Los mejores equipos disputan hasta 85 partidos por temporada, más que en ninguna otra Liga del mundo.
La deuda de los clubes aumentó casi un 75 por ciento en los últimos cinco años y deben más de mil millones de dólares tan solo al Gobierno, según cifras de un movimiento de jugadores surgido en 2013. De los casi veinte mil jugadores profesionales y semiprofesionales en Brasil, unos 16,000 ganan menos del equivalente a 650 dólares al mes.
Presidente Prudente, club de la ciudad del mismo nombre, recibe una subvención anual de 6,200 dólares de la Federación Estatal de Sao Paulo. Pero la nómina salarial es de nueve mil dólares mensuales, y el club depende de la publicidad de un supermercado y de otro negocio local.
Los clubes grandes de Río de Janeiro como Botafogo y Flamengo también se las han visto en figurillas para pagar los sueldos en 2014. Palmeiras, el equipo que más títulos nacionales ha ganado, fijó un tope salarial y solo ofrece contratos en los que el sueldo depende del rendimiento, algo sin precedentes en Brasil.
La principal queja del movimiento de jugadores Bon Senso se relaciona con el calendario: es demasiado largo para los clubes grandes y demasiado pequeño para los chicos. Tras las amenazas de Bon Senso, la Confederación Brasileña de Futbol dijo que comenzará a cambiar el calendario a partir de 2015.
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A cinco días que inicie el Mundial, que será inaugurado precisamente en la mayor urbe brasileña el 12 de junio con el partido Brasil-Croacia, Brasilandia está animada y acoge con alegría el deporte de multitudes, pero no deja de sumarse a la ola de reivindicaciones por mejores servicios públicos. Las calles de Brasil reclaman por la corrupción, el hambre, el saneamiento básico deficiente, la falta de infraestructura, transporte, educación, salud y seguridad ciudadana.
Brasilandia también participa de los reclamos, pero en honor a su nombre abraza el futbol, y por eso 180 metros de la calle Geraldo Alves de Carvalho, una de las principales para entrar al barrio, fueron pintadas especialmente para el Mundial durante un mes por seis vecinos voluntarios.
“Pintamos de las 9:00 de la noche hasta las 4:00 de la madrugada para terminar el trabajo a tiempo, pues hubo días de mucho viento y frío. Pero la decoración anima las personas y eso fue divertido saberlo, a pesar del cansancio”, señaló el artista callejero Alessandro Franklin.
Para la decoración fueron usados trescientos litros de tinta y diez kilos de cintas en dos calles participantes del proyecto de Google Street, que patrocinó los materiales para registrar veinte espacios de Sao Paulo decorados especialmente para el Mundial en Brasilandia y el barrio vecino de Freguesia do Ó. Los propios vecinos completaron con donaciones los materiales para ampliar el proyecto decorativo, según cuenta Franklin.
En las calles aparecen “estampados” y “coloridos” los rostros del técnico Luiz Felipe Scolari y de jugadores como Neymar y David Luiz. En la calle Carlos Dias muchas casas tienen pintadas sus fachadas con los colores verde, azul y amarillo, y la mascota del Mundial, Fuleco, se asoma también en las paredes, pero igualmente sobresalen las frases de reivindicaciones por “mejor” salud, educación, vivienda y seguridad.
Elisabeth Alves de Almeida pintó con varios amigos un payaso con un cuchillo en protesta por los altos impuestos, y que contrasta con las banderas alusivas al Mundial. “Nosotros no somos payasos, queremos educación, seguridad y vivienda”, relató.
Para los habitantes, los partidos en el estadio representan una realidad distante, pero la Copa del Mundo seguirá por más días, después del torneo, en una de las tantas favelas que esperan con ansias gritar frente a los televisores los goles de la canarinha.
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