“En las cosas necesarias, unidad; en las dudosas, la libertad; y en todas, la caridad”. San Agustín.
Si no podemos entendernos y unirnos los liberales y opositores dispersos, cómo carajo seremos capaces de unir al resto de la población que en su mayoría está contra Ortega y su plan maquiavélico de gobernar al igual que los Castro en Cuba.
Es cierto, todos o casi todos hablamos de la unidad, pero, ¿qué es lo que queremos en verdad? ¿Unirnos para formar un bloque electorero o juntarnos para hacer una genuina oposición y lo demás vendrá por añadidura?
Es difícil saber lo que germina en la mente de los caudillos del PLI y PLC. La visión política a corto y mediano plazo de estos dirigentes es por lo menos ser ellos los que impongan al próximo candidato y por ende seguir jugando en la política con el mínimo cupo de poder, repartirse los cargos de diputados y esperar un error del adversario o que se canse de mal gobernar y estar atento a la señal de los tiempos, ni más ni menos que una guerra popular prolongada, pero con el matiz de esta nueva etapa, en donde la estrategia es sobrevivir políticamente para cuando haya posibilidad de retomar el poder. Se les olvida que el pueblo es en definitiva el protagonista de su destino y que si bien es cierto muchas veces tiene la memoria corta, en esta oportunidad no va a perdonar a quienes nos hundieron en la apatía y la desesperanza ya sea por interés personal o desinterés por la colectividad.
Si me lo permiten, propongo tres cosas a lo inmediato:
Dejarnos de pendejeras y cerrar filas, los que sabemos junto al pueblo que no podemos ni debemos ir a un proceso electoral con el mismo Consejo Supremo Electoral producto del fraude urdido por el orteguismo en las elecciones pasadas.
Hacerle un llamado a los partidos liberales que se hacen llamar opositores con o sin personería jurídica y a todos los movimientos políticos y organizaciones de derechos humanos, a firmar una carta compromiso pública y contundente de no presentarnos a ningunas elecciones sin todas las garantías de un proceso electoral, libre, secreto, transparente, observado y creíble.
Y que este compromiso-demanda, sea acompañado por dos acciones; una, la demostración pública en la calle en los 153 municipios de Nicaragua el mismo día y a la misma hora y simultáneamente una campaña internacional para dar a conocer nuestra postura y buscar aliados, que sí los hay, para hacerle un cerco diplomático al dictador y su cúpula. Una vez hayamos resuelto este punto medular podremos pensar en candidatos y candidaturas, en delfines y herederos del poder político.
Perdónenme la ingenuidad de creer que esto sea posible, sin embargo déjenme decirles que es lo que realmente esperan los demócratas nicaragüenses de todos nosotros. Y sin lugar a dudas muchos por no decir miles de sandinistas desencantados con el eterno secretario de una revolución fracasada y desfasada.
Para mañana es tarde. Pronto sabremos quiénes están dispuestos a hacer las cosas como Dios manda. La respuesta se escuchará en la aceptación o el silencio. El autor es diputado del PLI y Unidad con Dignidad.
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