En la elección de los magistrados del Consejo Supremo Electoral, en abril pasado, el Frente Sandinista quiso imponerle al PLI votar por Roberto Rivas. Probablemente, la lógica del Frente era enterrar al PLI como fuerza opositora, usar esa votación para desprestigiarlo situándolo al mismo nivel que el PLC, que se ha resignado a jugar el rol de partido zancudo, al igual que un día lo hiciera el Partido Conservador en los tiempos de la dictadura somocista. Si ese era el caso, no lograron su cometido.
El PLI mostró decoro al resistirse a los chantajes del Frente. Con su actitud pareció decirnos que, independientemente de las presiones que se les haga, incluyendo la posibilidad de echar preso a Eduardo Montealegre, ni el partido ni su dirigencia son rehenes de Daniel Ortega. Y que tampoco es un partido que vende sus principios a cambio de puestos a familiares o allegados a la cúpula partidaria.
Esa coherencia proyectada por el PLI entre su discurso y su práctica política, podría posicionarlo, si sigue con esa actitud consecuente, como una fuerza opositora creíble y como una alternativa confiable ante los ojos de sus partidarios y los que se ubican políticamente como independientes. El PLI, posiblemente, perdió toda confianza de llegar a un acuerdo con el Frente para restituir el Estado de derecho, porque este último cerró todos los espacios institucionales de negociación. Lo sucedido en la Asamblea Nacional probablemente contribuya a un mayor entendimiento entre el PLI, el MRS y la Unidad por la República.
El Frente con su posición de todo o nada en la elección de funcionarios, no solo perdió legitimidad al quedarse solo, debido a que el PLI se retiró del parlamento, sino que además para lavarse la cara “entrega” dos magistraturas sin que el PLI haya tenido que negociar nada a cambio. Pareciera que en situaciones extremas, al Frente no le queda otra que ceder. Y que los cambios solo serán posibles en un juego de suma cero y en el marco de una confrontación permanente. Mandando un mensaje peligroso y equivocado, que “a cualquier costo se mantendrán en el poder”, a como lo dijera en su momento Tomás Borge.
Una hipótesis sobre los dos magistrados electos, que anteriormente fueron propuestos por el PLI, es que el Frente quiera hacer creer a la población que hubo una negociación para generar confusión y división interna en el PLI. Para cumplir con este propósito cuenta con sus corifeos partidarios, a los que se suman los diputados y la cúpula del mal llamado PLC; partido que de continuar en el zancudismo podría enrumbarse a su desaparición. Es posible que aquellos militantes del PLC con dignidad vuelvan su mirada a las filas del PLI.
Espero que el PLI aproveche esa experiencia y este momentum político, para realizar acciones firmes, asumiendo posiciones claras que fortalezcan su capital político, para lo cual debería articular la lucha parlamentaria con las reivindicaciones sociales como principal bandera. La conquista de las calles debería ser su próximo paso. Sería bueno rescatar en su sentido pleno al PLI histórico que luchó contra Somoza
En definitiva, en aquella ocasión el PLI ganó perdiendo. Desapareció en el mapa de los cargos públicos, pero obtuvo una victoria moral. Ojalá su dirigencia valore esta ventana que se le ha abierto, dando señales a la población de que aquello no fue producto de la casualidad. El autor es sociólogo.
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