Eduardo Cruz
La devoción de Salvador Castillo Montenegro, un esteliano de 60 años de edad, es luchar en beneficio de los productores del país. Así lo dice con sus propias palabras: “Me motiva a trabajar por el sector productivo el conocimiento que tengo sobre los problemas que se enfrentan en el campo”.
Actualmente es presidente de la Federación de Asociaciones Ganaderas de Nicaragua (Faganic) y también trabaja de cerca con el sector lácteo.
Castillo Montenegro dice que desciende de una familia que tiene una tradición cafetalera de más de 150 años, pues desde el siglo XVIII ya sembraban café y el mismo ha sido un sembrador, además de café, de hortalizas y ha criado ganado.
EL SECUESTRO DE SU PADRE
Su interés porque se resuelvan los problemas de los productores le vino en 1994, en medio de una oleada en el país de secuestros a productores y de robos de ganado. Su padre, que se llamaba igual que él, Salvador Castillo Montenegro, en ese entonces de 79 años de edad, fue secuestrado y pidieron por él cien mil córdobas como rescate.
El secuestro de su padre le partió el alma. Lo obligaron a caminar descalzo, sobre un cerro, cargando una mochila, y le daban a beber agua con gas (queroseno).
Desde entonces Castillo Montenegro se interesó más por el campo. Vivía en Managua, pero se trasladó a vivir con su papá en la finca, donde comprendió mejor las necesidades de los productores, relata.
Lo primero que hizo fue ayudar a conformar la primera comisión contra el abigeato, labor en la cual comenzó a tener un acercamiento con las autoridades tanto policiales como militares.
“He trabajado con los últimos cuatro jefes del Ejército”, dice Castillo Montenegro, refiriéndose a los generales Joaquín Cuadra, Javier Carrión, Omar Halleslevens y el actual jefe del Ejército, Julio César Avilés.
Como entre sus principales preocupaciones está el tema de la seguridad en el campo, Castillo Montenegro también impulsó el plan permanente de seguridad hacia el campo, ya que antes los militares solo cuidaban durante la época de la cosecha cafetalera. “Yo le hice esa solicitud a Halleslevens”, dice el ganadero, quien señala que ahora hay vigilancia en del Ejército en el campo los 365 días del año.
SIN DEVENGAR UN SALARIO
Castillo Montenegro tiene su propia finca, pero asegura que no duda en dejarla cuando se trata de hacer algo por el bienestar de los productores del país y sin ganar un centavo por esa labor social.
“Muchos de los problemas (de los productores) debieran de tener solución en la vida real, pero considero que hace falta mayor voluntad para que la situación en el campo pueda cambiar”, dice Castillo Montealegre, quien asegura que los productores tienen buena coordinación con las instituciones del Gobierno, pero hace falta “respuesta”.
Un ejemplo de esa “respuesta”, según Castillo Montenegro, es la demanda que han hecho los ganaderos para que en los mataderos se calibren las pesas.
Castillo Montenegro revela que los ganaderos llevan su ganado a los mataderos pensando en que llevan una determinada cantidad de libras de carne, pero luego resulta que hay menos cantidad y por tanto reciben menos paga.
“Mi lucha es por defender los intereses del sector productivo”, reitera Castillo Montenegro, quien el pasado año 2013 fue premiado por el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) por sus esfuerzos en el sector ganadero.
“La gente me pregunta cómo hago para hacer de todo”, dice Castillo Montenegro, quien asegura que el secreto está en la planificación. El productor indica que planifica su tiempo para estar con su familia, realizar los trabajos gremiales y también para cuidar su finca. “Si en una hora tengo que hacer algo, en la próxima hora tengo que estar haciendo otra cosa”, explica.
En sus inicios como productor en Estelí, cuando ya estaba “sensibilizado” con la causa de los productores, Castillo Montenegro también ayudó a que se construyeran delegaciones policiales rurales, cooperó para que se instalaran señalizaciones de tránsito en Estelí y hasta trabajó en la reintegración a la sociedad de los jóvenes que andaban en pandillas, recuerda. “Era el tiempo en que todo mundo le tenía miedo a los pandilleros”, recuerda Castillo Montenegro.
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