El Centro Carter sorprendió a la opinión pública nicaragüense —y seguramente también al gobierno del inconstitucional presidente Daniel Ortega—, con su cuestionamiento a la ratificación a principios de abril pasado de los miembros del Consejo Supremo Electoral (CSE) acusados de realizar fraudes en las últimas elecciones: nacional, regionales y municipales.
Esto “constituye la pérdida significativa de una oportunidad para el fortalecimiento de la maltrecha institucionalidad electoral” de Nicaragua, dice el Centro Carter en el comunicado publicado este lunes, el cual parecería haber sido redactado en abril pero dado a conocer hasta ahora. Según el Centro Carter, “ese mismo CSE organizó y celebró las elecciones nacionales más opacas de los últimos veinte años en Nicaragua, cuyos resultados fue imposible verificar, estableciendo en consecuencia un precedente nocivo para el futuro de la democracia en Nicaragua”.
Sin embargo, el Centro Carter reitera que conserva la esperanza “hecha pública en repetidas ocasiones, para que los líderes y miembros de la Asamblea Nacional asuman su responsabilidad patriótica e histórica con su pueblo, y conduzcan una seria y profunda revisión del sistema electoral nicaragüense con la participación de todos los partidos políticos para que por el bien de la sociedad y la democracia de Nicaragua, decisiones y hechos como los reseñados, no ocurran de nuevo”.
El Centro Carter fue constituido en 1982 por el expresidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, y su esposa Rosalynn Smith, con diversos objetivos de buena voluntad entre ellos la observación electoral internacional. Por su labor al frente del Centro Carter —y no por su ejercicio como presidente de Estados Unidos en el periodo de 1977 a 1981—, Jimmy Carter se hizo acreedor al Premio Nobel de la Paz en el año 2002.
Siendo presidente de Estados Unidos, Carter ayudó decisivamente a derrocar a la dictadura somocista, en 1979, con las fuertes presiones de su política de derechos humanos. Luego restableció la ayuda económica de EE.UU. a Nicaragua y mantuvo una actitud benevolente hacia la dictadura de los nueve comandantes sandinistas, a pesar de que estos se negaron convocar a elecciones libres y trataron de exportar su revolución armada a los países vecinos, sobre todo a El Salvador.
Desde las históricas elecciones del 25 de febrero de 1990, cuando Daniel Ortega y el Frente Sandinista fueron derrotados por doña Violeta Barrios de Chamorro y la Unión Nacional Opositora (UNO), el Centro Carter participó en la observación electoral de todas las elecciones nacionales en Nicaragua. Y a lo largo de todos estos años, el Centro Carter se ganó el respeto de la ciudadanía nicaragüense a pesar de que algunos sectores políticos no sandinistas lo han criticado y visto con reservas.
Ahora, el comunicado del Centro Carter en el que plantea con franqueza que es necesaria “una seria y profunda revisión del sistema electoral nicaragüense”, se puede considerar como una reacción tardía a la confirmación orteguista del desprestigiado CSE hacedor de fraudes. Pero al mismo tiempo es oportuno, porque viene a reforzar la demanda de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, de “una profunda reforma política del sistema electoral del país”, para garantizar que haya elecciones justas, libres, limpias y legítimas en 2016.
Esta demanda fue presentada por la Conferencia Episcopal a Daniel Ortega el 21 de mayo pasado, y los pacientes obispos siguen esperando la respuesta del dictador.
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