Estas son algunas frases del subcomandante marcos, escritas o leídas a lo largo de sus 20 años en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Elige un enemigo grande y esto te obligará a crecer para poder enfrentarlo. Achica tu miedo porque, si él crece, tú te harás pequeño, me dijo el Viejo Antonio una tarde de mayo y lluvia, en esa hora en que reinan el tabaco y la palabra.
Es preferible morir con honor que vivir con la vergüenza de un tirano dictando nuestros rumbos.
La lucha es como un círculo, se puede empezar en cualquier punto, pero nunca termina.
¿La toma del poder? No, apenas algo más difícil: un mundo nuevo.
Supimos y sabemos que seguirá habiendo muerte para que haya vida. Supimos y sabemos que para vivir, morimos.
En lugar de dedicarnos a formar guerrilleros, soldados y escuadrones, preparamos promotores de educación, de salud, y se fueron levantando las bases de la autonomía que hoy maravilla al mundo. En lugar de construir cuarteles, mejorar nuestro armamento, levantar muros y trincheras, se levantaron escuelas, se construyeron hospitales y centros de salud, mejoramos nuestras condiciones de vida. En lugar de luchar por ocupar un lugar en el Partenón de las muertes individualizadas de abajo, elegimos construir la vida.
Empezó así una compleja maniobra de distracción, un truco de magia terrible y maravillosa, una maliciosa jugada del corazón indígena que somos, la sabiduría indígena desafiaba a la modernidad en uno de sus bastiones: los medios de comunicación. Empezó entonces la construcción del personaje llamado Marcos.
El SupMarcos pasó de ser un vocero a ser un distractor. Si me permiten definir a Marcos el personaje entonces diría sin titubear que fue una botarga.
Es nuestra convicción y nuestra práctica que para rebelarse y luchar no son necesarios ni líderes ni caudillos ni mesías ni salvadores. Para luchar solo se necesitan un poco de vergüenza, un tanto de dignidad y mucha organización.
Ni estoy ni he estado enfermo, ni estoy ni he estado muerto. O sí, aunque tantas veces me mataron, tantas veces me morí, y de nuevo estoy aquí.
Quienes amaron y odiaron al SupMarcos ahora saben que han odiado y amado a un holograma.
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