Por Vladimir Vásquez
Hasta hace 160 millones de años la Antártida estaba unida a África, Australia y América del Sur, y formaban un único supercontinente llamado Gondwana.
Cuando se separó y viajó a la deriva hasta ubicarse en el sur del planeta, el continente antártico se enfrió todavía más. Es tan helada que en 1983 sus temperaturas de invierno lograron un récord histórico de menos 89 grados Celcius, mientras que la temperatura más alta que se registra suele ser de cero grados.
Estas bajas temperaturas se deben a la poca radiación solar que tiene el lugar, pues al menos el noventa por ciento de esta es reflejada por la capa de hielo hacia el espacio.
A pesar de estas condiciones severamente frías, la Antártida está pasando por uno de sus peores momentos, pues se derrite a pasos agigantados.
Recientes estudios revelados por científicos de la Nasa, demuestran que el deshielo que sufre el lugar es inevitable. Si todo el hielo de la Antártida llegara a derretirse, el nivel de los océanos incrementaría en 58 metros, según las proyecciones.
En verano, la Antártida siempre sufre de descongelamiento, pero todo el hielo se repone por las nevadas posteriormente, lo que mantiene los grandes bloques de hielo en sus niveles promedio.
Sin embargo, dicen los expertos, ahora el descongelamiento es mucho más rápido que hace 40 años debido al aumento de la temperatura del planeta, como consecuencia del calentamiento global.
Si todos los países lograran reducir sus emisiones de dióxido de carbono se podría retrasar el descongelamiento.
El descongelamiento podría provocar inundaciones en las zonas costeras y tomando en cuenta que el nivel del mar aumentó entre 10 y 20 centímetros a lo largo del siglo pasado, eso indicaría que zonas que antes eran menos vulnerables a las inundaciones ahora podrían sufrir consecuencias.
Según un artículo publicado en el portal web de National Geographic, cuando el mar penetra en las zonas más alejadas provoca erosión, inundaciones de humedales, contaminación de acuíferos y de suelo agrícola, además de la pérdida del hábitat de peces, pájaros y plantas.
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