Damasco/EFE
Siria celebrará por primera vez en décadas unos comicios presidenciales con más de un candidato, de la mano de una ley electoral que impedirá que se presente una buena parte de los opositores.
Es muy probable que el jefe de Estado, Bashar al Asad, sea reelegido tras presentarse ante los ciudadanos como garante de la estabilidad frente al “terrorismo”, a la luz de las últimas victorias militares sobre el terreno.
Este oftalmólogo de profesión, y de 49 años, accedió al poder en 2000, tras la muerte de su padre y antecesor en el cargo, Hafez al Asad. Desde que Hafez asumió la Presidencia en 1971, las elecciones en Siria han sido casi referendos con un solo aspirante: Hafez o Bashar, quienes ganaban los plebiscitos con más del noventa por ciento.
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Sin embargo, tras el estallido de las protestas antigubernamentales en marzo de 2011, Al Asad anunció una hoja de ruta que contemplaba una nueva Constitución, la celebración de comicios parlamentarios, la elaboración de una nueva norma electoral y, después, presidenciales. La Carta Magna, aprobada en 2012 en un referéndum, abría la puerta al multipartidismo y a más de un aspirante presidencial.
Frente a Al Asad se miden en esta votación dos candidatos apenas conocidos: el exministro Hasan Abdalá al Nuri, nacido en 1960 en Damasco. Fue ministro de Estado para el Desarrollo de la Administración Pública y de Asuntos Parlamentarios entre 2000 y 2002, además de diputado desde 1998 hasta 2003.
El otro contrincante es Maher Abdel Hafez Hayar (Alepo, 1968), con un amplio historial de militancia en partidos de izquierda. En 2003 fundó junto con otros dirigentes izquierdistas el Comité Nacional Comunista de Siria, y fue uno de sus líderes hasta que la formación cambió su nombre por Partido de la Voluntad Popular, del que es secretario general.
Este grupo es uno de los integrantes del Frente Popular para el Cambio y la Liberación (FPCL), una de las principales agrupaciones de la oposición tolerada por las autoridades y que cuenta con escaños en el Parlamento.
Hayar y Al Nuri han desarrollado campañas basadas en anuncios por televisión y en las redes sociales y han empleado un discurso similar al de Al Asad, fundamentado en “la lucha contra el terrorismo” para poner fin a la guerra en Siria.
La ley electoral establece que los aspirantes a la presidencia deben haber residido en Siria diez años consecutivos desde la fecha de registro como candidatos y no pueden tener una segunda nacionalidad, lo que complicó que concurran gran parte de los opositores, que están exiliados y han rechazado la convocatoria de elecciones, que califican de “farsa” en el marco de una guerra, que ha causado en tres años más de 162,000 muertos.
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