Brasilia/ EFE
La Policía reprimió ayer con caballos y gases lacrimógenos a dos mil personas que protestaban contra el Mundial de Futbol y pretendían llegar al estadio Nacional Mané Garrincha, en Brasilia, donde se exhibía la Copa del Mundo, que ayer hizo su penúltima escala en la capital, tras haber sido mostrada en 89 países y decenas de ciudades brasileñas.
La protesta concluyó con tres detenidos y dos policías heridos, uno de ellos por una flecha disparada por indios que exigían mayor celeridad en la demarcación de sus reservas, y se sumaron a la manifestación convocada por el Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST) y el llamado Comité Popular de Brasilia.
Ambos forman parte de los colectivos que se oponen a la celebración del evento de la FIFA en Brasil bajo el lema “No va a haber Mundial”, y al elevado gasto público que ha supuesto.
Debido a la protesta y al carácter violento que cobró en las calles, las autoridades decidieron suspender, dos horas antes del horario establecido, la visita para ver la Copa del Mundo de cerca. El trofeo será exhibido desde mañana en Sao Paulo, donde será inaugurado el Mundial el 12 de junio, con el partido entre las selecciones de Brasil y Croacia.
La marcha de ayer comenzó en la terminal de autobuses de Brasilia, a dos kilómetros del estadio, hacia donde la multitud marchó en forma ordenada hasta ser contenida por un fuerte cordón policial, con lo que se desataron los primeros desórdenes.
Algunos manifestantes lanzaron piedras hacia los policías, quienes respondieron con gases lacrimógenos y tropas de caballería que cargaron contra la multitud y la dispersaron por momentos.
Los revoltosos, sin embargo, se reagruparon varias veces y se mantuvieron en los alrededores del estadio, aunque no lograron acercarse a menos de quinientos metros.
Debido a los disturbios, las autoridades bloquearon el tránsito por el Eje Monumental, una céntrica avenida de Brasilia que lleva al estadio y se comunica con la Explanada de los Ministerios, en la que se sitúan todos los edificios del poder público, incluidos el Palacio Presidencial y la sede del Congreso.
Unos pocos manifestantes intentaron animar a la multitud a marchar hacia la Explanada de los Ministerios, pero no encontraron eco y la protesta se disolvió al caer la noche, después de más de una hora de enfrentamientos.
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