Ucrania cruza los dedos para que hoy haya un nuevo presidente. Si fuera necesaria una segunda vuelta electoral, que se realizaría dentro de tres semanas, los insurgentes podrían abortar la votación o las tropas gubernamentales podrían excederse en el uso de la fuerza, lo que daría al Kremlin la excusa perfecta para no reconocer los resultados.
“Paremos la guerra. Elijamos al presidente en la primera vuelta”, reza el cartel de la campaña del oligarca Petró Poroshenko, el gran favorito según todos los sondeos. Poroshenko tiene muchas papeletas para salir victorioso en las presidenciales, que es lo que parece desear también Occidente, muy interesado en legitimar cuanto antes a las nuevas autoridades ucranianas ante la amenaza rusa.
La exprimera ministra, Yulia Timoshenko, ha puesto todo para retar a Poroshenko a una lucha cuerpo a cuerpo, pero el “Rey del Chocolate”, como es conocido el dueño del emporio de bombones y dulces Roshen, ha eludido entrar al trapo.
El primer viaje al extranjero del próximo presidente será a Bruselas para firmar un acuerdo para la creación de una zona de libre comercio con la Unión Europea, previo al ingreso.
“Creo que ganará Poroshenko. Es un hombre bastante transparente y pienso que la mayoría de los ucranianos creen en él. Aunque no tenemos muchas esperanzas, ya que hay muchas cosas que cambiar, como la corrupción”, aseguró Vasil, un ucraniano que trabaja en España y que ha decidido dedicar su mes de vacaciones a ayudar en el Maidán.
Ucrania vivió ayer una tensa jornada de reflexión, debido a los intentos de los rebeldes de frustrar los preparativos electorales, secuestrando a miembros de comisiones electorales, requisando equipos electrónicos, urnas y listas de votantes.
Mientras, las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk aprovecharon la víspera electoral para consumar la unificación bajo el nombre de Novorossía (Nueva Rusia).
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