Lucía Navas
Hugo Martínez Bonilla volverá a ser canciller de El Salvador el 1 de julio próximo. Esta vez con el gobierno del presidente electo Salvador Sánchez Cerén. Martínez ocupó la Cancillería salvadoreña desde 2009 hasta 2013, en la administración del presidente Mauricio Funes. De ahí saltó el 1 de julio de 2013 como secretario general del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), cargo para el que fue electo para cuatro años.
Su paso por el SICA será breve, un año, pero lo considera “bastante gratificante” por los avances que a su consideración han dado el sector privado y los gobiernos de Centroamérica en lograr la integración regional. Martínez Bonilla reconoce en esta entrevista con LA PRENSA que concretar la integración requiere mayores compromisos de todos los involucrados, y sobre todo despertar el interés de los ciudadanos centroamericanos en que se logre.
¿En qué punto deja el proceso de integración?
Creo que estos años lo que se ha hecho, en primer lugar, es un mayor ordenamiento de todas las prioridades temáticas, la institucionalidad de la integración, de la cooperación y los mandatos presidenciales. (…) Quizás el punto de partida de esta nueva etapa es el relanzamiento de la integración que se da en 2010 y donde se definen los cinco pilares: seguridad, gestión integridad de riesgo y cambio climático, integración social y lucha contra la pobreza, integración económica y fortalecimiento institucional. El carril de ordenamiento es la aprobación del mecanismo de gestión de la cooperación que establece un orden de cómo la secretaría general y las especializadas van a gestionar la cooperación que obedece a un plan estratégico. Buscamos que un proyecto que gestiona, por ejemplo Centromipe no puede estar desvinculado de turismo, agricultura para que pueda tener un mayor impacto, porque lo que sucedió en el pasado es que cada quien gestionaba y ejecutaba los proyectos por su lado.
¿Qué puntos son los más difíciles?
Yo no diría lo más difícil, diría que lo que debe profundizarse es una mayor relación con las poblaciones, con los territorios. Que haya una mayor identificación de la sociedad civil en general y los territorios con esta serie de proyectos que se están ejecutando.
¿En la parte económica qué se debe impulsar?
En la parte económica tenemos varios desafíos pero uno de los principales es avanzar en la Unión Aduanera. Hay una decisión política de los gobiernos que le podría llamar endógeno de avanzar, pero también hay un factor exógeno que son los compromisos que la región ha adquirido internacionalmente. Por ejemplo, con la Unión Europea tenemos un compromiso que una vez esté en plena vigencia en Acuerdo de Asociación y en cinco años plazo, aproximadamente, debe haber una libre movilidad de productos. Que un producto que entre en Puerto Barrios, en Guatemala, pueda ir hasta Panamá sin pasar tanta frontera. Lo mismo pasa con el DR-Cafta, se hizo una negociación paraguas pero en realidad habían negociaciones bilaterales de cada país donde se negociaron procesos de desgravación arancelaria con un horizonte de tiempo de 15 o 18 años. Ya pasaron diez años y qué es lo que está ocurriendo, entre más años pasan, vamos a la convergencia arancelaria que va a permitir también una Unión Aduanera.
¿Qué hace más difícil la Unión Aduanera? ¿Unificar los impuestos o que los países cedan en sus sistemas de seguridad u otros temas?
No se trata de un asunto de cesión de soberanía en este caso, lo que se trata es de una mayor articulación de los mecanismos de recaudación en los diferentes países y que un producto que entra a un país en una situación ideal de libre circulación pues no tenga que ser grabado en otro país. Ahí hay de por medio cómo ese primer gravamen que se hace se distribuye o se homologa con los demás países de la región. Ese es un asunto que técnicamente se tiene que avanzar y entiendo que hay la voluntad política de los gobiernos, la han expresado en reiteradas ocasiones. Lo que tenemos que tener claros es que un sistema que ha funcionado por centurias no puede de la noche a la mañana.
¿Cómo la Unión Aduanera se entorpece por los diferentes impuestos creados por El Salvador y Nicaragua recientemente (escáner de las mercancías en las fronteras)?
Ahí no debemos de dejarnos impactar la falsa dicotomía: seguridad, libre movilidad. Creo que las dos cosas pueden caminar armoniosamente. Y cada país tiene el derecho soberano de tomar sus medidas. El punto es que, en una situación ideal, ese país sería conveniente que informe a los demás países para que en su conjunto vayan analizando cómo esas medidas se articulan o se superan, porque si te imaginas que en un lado de la frontera se compran y ponen los escáner y hay pagar esos escáner, y por el otro lado de las fronteras se hace lo mismo, estarías duplicando el esfuerzo. Ahí lo ideal es que haya una coordinación de los países y eso es lo recomendable. Lo que hemos dicho como Secretaría General es que antes de tomar una medida, vamos a decir, unilateral cada país, se coordine para que no tengan que duplicar esfuerzos y gastar el doble. Con solo en un lado de la frontera que haya un escáner es suficiente. Por ejemplo, en países que tienen varios puntos fronterizos como Guatemala y El Salvador, bueno, en uno de esos puntos fronterizos el escáner puede estar de lado de un país, el asunto es que haya ese control.
Se refiere a que los países compren juntos los escáner y que decidan cómo se repartirán el cobro …
No necesariamente. Lo que estoy diciendo es que hay medidas prácticas que se pueden tomar. Por ejemplo, El Salvador y Guatemala tomaron un acuerdo de fronteras yuxtapuestas. No tienen que estar Migración y Aduana chequeando siempre en los dos lados la documentación. No estoy proponiendo un sistema, lo que estoy diciendo es que hay medidas prácticas que se pueden impulsar para facilitar la movilidad de personas y mercancías a través de las fronteras.
Ver en la versión impresa las páginas: 4 C