Anagilmara Vílchez Z.
Pelos del cuerpo enhiestos como agujas. Su nariz gotea como grifo abierto. Le tiemblan hasta los tuétanos y los estornudos torpemente se enredan con la tos. Justo en ese momento reconoce que está enfermo. La transición del verano al invierno puede ser una de las causas de su malestar.
En esta época del año el cambio de clima, las lluvias y la proliferación de moscas y zancudos suelen ser las principales amenazas a su salud. Los “problemas respiratorios, el dengue, la malaria y las enfermedades de transmisión alimentaria, producidas por la exposición de los alimentos a contaminación”, son los males típicos de la temporada lluviosa, asegura la nutricionista Ligia Pasquier.
Durante el invierno estos padecimientos aumentan hasta en un cincuenta por ciento, calcula el doctor Jaime Rivera. Según él, “desde la gripe corriente hasta las enfermedades delicadas, como la bronconeumonía, casi siempre son virales y se convierten en una bola de nieve que una vez que comienzan los casos van aumentando por contagio”.
Prevenir es la clave, aseguran ambos especialistas. “Se recomiendan mucho las frutas y las verduras, tomar bastante agua (hervida o purificada), ingerir alimentos que sean fuente de vitamina C”, consumir hierro, antioxidantes y proteínas que sirven de escudo contra las infecciones y reparan los tejidos dañados. Estos nutrientes, concluye Pasquier, ayudarán a combatir los males que agobian a la población cada invierno.
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