Las individualidades del Real Estelí ganan títulos. Algunas veces, como en el 2011 ante el Walter Ferreti, aparecen en el partido decisivo. En otras, como ayer en Diriamba, no esperan. Los norteños tienen tantos jugadores desequilibrantes que cualquiera puede decidir una Final. Pero solo Samuel Wilson lo hace seguido.
Los diriambinos, aguerridos y esforzados, necesitan meter dos goles y no recibir para dar la sorpresa, pero un 2-1 forzaría ir a penales para decidir el título.
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El Estelí sufrió para vencer 2-1 al Diriangén en el partido de ida de la Final del Torneo de Clausura de Primera División. El equipo norteño cambió a partir de la entrada de Wilson, quien se había perdido los últimos tres partidos por lesión. El atacante chinandegano desde el banquillo saltó al terreno para ser la figura.
La entrada de Wilson fue forzada por el Diriangén. Los jugadores locales tenían de encargo a Elvis Pinell. No dejaban pasar oportunidad para darle al volante esteliano que con poco se rompe. Sin dosificar los diriambinos la agresividad defensiva, el atacante no aguantó y al descanso se quedó sentado.
Wilson entró en escena y poco tardó en incidir. De haber sabido el Diriangén que el sustituto de Pinell sería su verdugo, lo deja en paz o baja revoluciones. Era lo mejor. Los diriambinos olvidaron que es de vidrio y con poco se rompe. Tampoco lo podían perder de vista por su velocidad, sin embargo fueron al choque sin dosificar.
El Estelí se había apagado después del tanto de José Luis Rodríguez al minuto 42. El delantero colombiano del Diriangén capitalizó la única ocasión del equipo en todo el partido con la ayuda defensiva de Sebastián Borba.
Rodríguez, 12 goles en el Clausura, recibió de espaldas, dio media vuelta y batió entre las piernas a Justo Lorente, quien mostró dudas en las salidas con balones divididos. Pero Wilson (’54) llegó a arreglarlo. Primero se aprovechó del entorno para igualar 1-1.
Wilson cobró llovido un tiro libre al marco. El sol y Mauro Rodríguez se interpusieron a la trayectoria del balón y obstaculizaron la visibilidad del portero Léster Acevedo, cómplice del 1-1.
Acevedo debió salir con fuerza y puñetear el esférico para evitar complicaciones. No lo hizo y tampoco corrigió. Era la tarde de Wilson (’89), quien lo retrató junto a Nasser Valverde con el gesto técnico del 2-1.
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