Irian Cristina Centeno
En los últimos días en la mayoría de las escuelas se están realizando simulacros, lo cual es digno de celebrar. Sin embargo, los padres y maestros deben explicarles a los niños las razones por las cuales se están realizando este tipo de actividades. Mi sobrina de 9 años, al momento de oír sonar la alarma para el ejercicio del simulacro rompió en llanto y se puso muy nerviosa.
Su reacción es normal, pues tras el terremoto ocurrido el 10 de abril y las subsecuentes réplicas muchos niños aún tienen fresca la sensación de angustia y tensión que se vivió en esos días. Sin duda, para que los niños se logren recuperar de todo el estrés vivido pueden pasar meses, sobre todo aquellos cuyas viviendas fueron destruidas, quienes tuvieron que dormir en la intemperie o en albergues y aquellos que aún se sienten inseguros en sus casas por los daños sufridos.
La mayoría de la población permaneció bajo la tensión de la Alerta Roja extrema y la niñez no fue la excepción. Ante esta situación es de vital importancia poner especial atención a la recuperación psicosocial de la niñez.
Muchos de ellos pueden estar sufriendo reacciones emocionales intensas como irritabilidad, alteración del sueño, hipervigilancia (intensa búsqueda de más eventos angustiantes), o escenas retrospectivas (sensación de que el evento vuelve a ocurrir) y aún pueden estar luchando por comprender lo que ha pasado. Sé de niños que están teniendo pensamientos aterradores, dificultad para dormir, temor de regresar a la escuela, falta de apetito.
Una de las formas de ayudar a los niños es conversando con ellos y preguntándoles cómo se sienten, sin presionarles a hablar si no quieren hacerlo. Debemos dar explicaciones que ellos puedan comprender según su edad y desarrollo psicosocial, repitiendo la misma información y explicaciones con paciencia y tantas veces como ellos lo requieran.
No es conveniente inventar respuestas a sus interrogantes solo para dejarlos tranquilos. Tratemos de calmarlos pero sin hacer promesas poco realistas. Les podemos decir que estarán seguros en su casa o colegio, pero no les prometamos que la situación no se volverá a presentar.
Es importante dar validez a lo que los niños piensan y sienten, haciéndoles saber que sus preguntas y preocupaciones son importantes y apropiadas. Podemos decir algo como: “Es normal que tengas un poco de miedo pero yo estoy aquí para cuidarte, para que hablemos y ayudarte a que te sientas mejor”.
Algunos niños pueden no querer hablar sobre sus temores, pensamientos y sentimientos y pueden preferir expresarse a través de dibujos, jugando o escribiendo. Podemos ayudar a los niños a expresarse diciéndoles algo como “¿Puedes hacer un dibujo sobre lo que sucedió y contarme una historia?”
Otro aspecto importante a tomar en cuenta es que debemos evitar que los niños se expongan a muchas noticias e imágenes sobre el desastre ocurrido, ya que pueden aumentar su confusión y temor.
No hay que perder de vista que los niños son especialmente sensibles y debemos tomarnos el tiempo para explicarles lo sucedido y darles explicaciones de por qué pueda ser necesario que haya simulacros en sus colegios para evitar que, como en el caso de mi sobrina, el miedo se apodere de ellos. La autora es especialista en Niñez en Emergencia, Visión Mundial Nicaragua.